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miércoles, 1 de abril de 2026

FAMILIA PIERIDAE

DESCRIPCIÓN:

Hablar de los piéridos en el contexto de los agroecosistemas puede suponer, en cierto modo, adentrarse en un terreno pantanoso.  Ya que tradicionalmente son asociados a daños sobre cultivos de brasicáceas en su fase larvaria, donde su mera presencia casi de forma automática, ha sido interpretada por los agricultores convencionales como un problema a erradicar.  

Primer plano del adulto de Pieris brassicae cerca de flor de crucífera con su amarillo intenso.

Los piéridos, pertenecientes a la familia Pieridae, presentan un comportamiento que no puede entenderse únicamente desde su fase larvaria.  Ya que en su estadio adulto, estas especies actúan como insectos polinizadores, visitando de forma habitual flores de distintos cultivos y de la vegetación espontánea.

Este hecho introduce un matiz relevante desde el punto de vista agroecológico: en determinados contextos productivos, especialmente en cultivos no hospedantes, los piéridos pueden desempeñar un papel funcional que trasciende su consideración clásica como fitófagos plagas, llegando a actuar como aliados indirectos del agricultor.  Desde esta perspectiva por tanto, su presencia no debe interpretarse de forma categórica, sino en función del cultivo, del momento fenológico y de la estructura del agroecosistema.  Así, un mismo organismo puede comportarse como potencial causante de daño en un cultivo concreto (hortícolas) y también simultáneamente, contribuir a procesos claves como la polinización en otros cultivos no hospedantes, o incluso necesarios para el propio mantenimiento de la cadena trófica, al servir a su vez como alimento de otros aliados importantes como son las aves insectívoras.

Entre estos organismos, las especies del género Pieris brassicae, napi, y rapae ocupan un lugar destacado en cultivos de brasicáceas, donde su aparición es recurrente y en muchos casos, predecible en función de la fenología del cultivo y de las condiciones ambientales.  Desde un punto de vista técnico tal como decía, resulta fundamental evitar una visión simplista centrada exclusivamente en su fase larvaria y en los daños que pueden ocasionar sobre cultivos como: coles, brócolis o coliflores entre otras brasicáceas (antiguas crucíferas).

Adulto de piérido con dieta estrictamente nectarívora donde se puede apreciar su espiritrompa.

Lo decía... ya que en su fase adulta, estos lepidópteros presentan una dieta estrictamente basada en el néctar y por consiguiente, participan en la polinización entomófila de numerosas especies vegetales de nuestro interés.  Aunque no se consideran polinizadores especializados, su elevada movilidad y frecuencia de visita a flores les confiere un papel relevante como polinizadores generalistas.  Este aspecto adquiere especial relevancia en sistemas agrícolas donde coexisten distintos tipos de cultivo sin carácter hospedante.  Sobre todo, en especies frutales dependientes de la polinización entomófila, como el almendro Prunus dulcis u otros frutales de floración temprana, donde la presencia de adultos de Pieris spp. puede contribuir, junto con otros insectos, a la transferencia de polen y por tanto al cuajado de los frutos.  Ya que los piéridos adultos, suelen ser de los primeros que llegan al despertar la primavera, siendo claves en los cultivos de floración temprana.

No obstante, este papel beneficioso debe interpretarse también en su contexto. En explotaciones orientadas exclusivamente a la producción de hortícolas en general y de brasicáceas en particular, la fase larvaria representa un riesgo agronómico claro, al tratarse de organismos fitófagos especializados capaces de provocar defoliaciones significativas si sus poblaciones no se mantienen bajo cierta regulación biológica.  Por el contrario, en sistemas donde predominan cultivos no hospedantes (como por ejemplo en una plantación de almendros), sobre todo con manejo agroecológico y por tanto con cubierta vegetal, la fase larvaria no supone ningún tipo de riesgo sino todo lo contrario.  Su presencia es más que bienvenida al comportarse en estado adulto como un aliado en la necesaria poliniación entomófila del almendro, y en su fase larvaría se alimentará de la cubierta vegetal y por ende contribuyendo a la regulación poblacional de especies vegetales como el jaramago (Sisymbrium spp, Diplotaxis spp o Sinapis spp) entre otras brasicáceas silvestres.  Abajo os propongo unas fotos de un campo de almendros en flor, donde su contribución al cuajado de sus drupas queda evidenciado.

Pieris brassicae polinizando flor de Almendro Prunus dulcis. var. Lauranne.  Un cultivo de la familia de las rosáceas muy dependiente de la polinización entomófila.

En consecuencia, la gestión de estas especies no puede abordarse de forma unívoca, sino que debe adaptarse al tipo de cultivo, al momento fenológico y a los objetivos productivos, integrando tanto los posibles daños como los servicios ecosistémicos que aportan dentro de una visión global del agroecosistema.  La aparente simplicidad de estas especies (fácil identificación del adulto y ciclo biológico bien conocido) contrasta con la complejidad de su interacción con el cultivo, especialmente en explotaciones de pequeña y media escala, donde el impacto del daño puede condicionar la toma de decisiones.

¿Dónde está Wally?... A ver si encuentras el piérido entre tanta flor de almendro, donde su color blanco la hace prácticamente invisible a sus depredadores.

En este contexto, comprender la biología, dinámica poblacional y papel ecológico de Pieris spp. resulta clave para desarrollar estrategias de manejo coherentes con los principios de la producción ecológica, evitando intervenciones innecesarias y favoreciendo la estabilidad del sistema.

Adulto posado cerca de una flor de crucífera calentándose al sol.

ESPECIE CONTROLADA:

Por tanto, las especies del género Pieris spp. no deben entenderse exclusivamente como una “plaga”, sino como organismos fitófagos especializados que forman parte del agroecosistema. Sus larvas se alimentan principalmente de hojas de brasicáceas (coles, coliflores, brócoli, rábanos), provocando perforaciones, defoliaciones parciales y acumulación de excrementos.  Pero también de brasicáceas silvestres como el jaramago: (Sisymbrium spp, Diplotaxis spp o Sinapis spp) especies incluidas en muchas cubiertas vegetales espontáneas.

Las larvas de Pieris brassicae de comportamiento gregario, provocan defoliaciones localizadas e intesas.

En este sentido, resulta clave diferenciar entre:

  • Daño real: pérdida efectiva de superficie foliar o rendimiento.
  • Daño percibido: impacto visual que puede condicionar la toma de decisiones.

Comprender esta diferencia constituye uno de los principales retos en la gestión agroecológica, especialmente en huertos de pequeña escala, donde la percepción del daño suele amplificarse.


BIOLOGÍA:

El ciclo biológico de las especies del género Pieris spp. se desarrolla con facilidad incluso en entornos urbanos.

  • Puesta:  Se realiza en el envés de las hojas, en Pieris brassicae la puesta se realiza en un conjunto de 10-20 huevos agrupados, diferenciables de otros similares (como en coleópteros) por la presencia de estrías y en forma de balín de color amarillo intenso, que los hacen fácilmente atribuibles a un lepidóptero.  Algo más dificil de localizar, son las puestas de Pieris rapae al distribuir sus huevos más dispersos y por consiguiente ocasionando daños menos intensos y apreciables.
Puesta de piérido donde se pueden distinguir sus características estrías y forma de balín típico de los huevos de los lepidópteros.
  • Fase larvaria (oruga):  Es el estadio responsable de los daños. En huertos urbanos, unas pocas larvas pueden generar un impacto visual importante.
Daños ocasionados por la larva de Pieris brassicae sobre hoja de brócoli morado Brassica oleracea var. italica.

  • Crisálida:  Se forma en elementos próximos al cultivo (vallas, muros, estructuras del huerto, vegetación espontánea o incluso edificaciones cercanas). Este hecho explica su persistencia en el espacio a lo largo del tiempo.
Pupa (crisálida) de la Pieris brassicae donde realizará la metamofosis a mariposa adulta.

Adulto recien salido de la crisálida bombeando hemolinfa a las alas para desplegarlas y hacerlas funcionales.

  • Adulto:  Presenta una elevada movilidad y capacidad de colonización, pudiendo localizar huertos aislados dentro del entramado urbano. Su actividad se concentra en horas soleadas.

Los piéridos utilizan también plantas espontáneas presentes en solares, bordes o alcorques, lo que favorece su continuidad incluso en ausencia temporal de cultivo, luego su uso en nuestro agroecosistema está más que recomendado.

Piérido alimentándose de Menta piperita, nuevamente las aromáticas son un punto irresistible y clave para su permanencia en el agroecosistema.

MEDIDAS PARA FAVORECER SU PERMANENCIA EN EL AGROECOSISTEMA:

Aunque pueda resultar contradictorio, el objetivo en un enfoque agroecológico no es la erradicación de las especies del género Pieris sspp, sino su integración en un sistema equilibrado donde sus poblaciones se mantengan dentro de niveles asumibles, y donde un reducto de sus poblaciones, contribuirá a mantener nuestros otros auxiliares como los propios bracónicos (Apanteles glomeratus).

Detalle de la espritrompa enrrollada del adulto de Pieris brassicae.

Para ello, se proponen las siguientes líneas de manejo:

1. Diseño del huerto:

  • Diversificación de cultivos, también desde el punto de vista de la altura de los mismos.
  • Asociación con aromáticas y flores.  (donde las Liliáceas aromáticas son fundamentales).
  • Rotaciones que eviten acumulación de hospedantes.

2. Manejo del suelo y fertilización:

  • Priorizar el uso de compost y materia orgánica estabilizada.
  • Favorecer un crecimiento equilibrado de las plantas.

3. Observación y seguimiento:

  • Revisión periódica del envés de las hojas.
  • Identificación temprana de puestas y larvas.
  • Seguimiento del vuelo de adultos.

4. Intervención escalonada:

  • Evitar tratamientos sistemáticos o preventivos.

5. Fomento de fauna auxiliar:

Larvas de Apanteles glomeratus que pupan inmediatamente al salir del cuerpo, aún con vida, de la larva del piérido.  
Donde podemos apreciar el característico color amarillo de la seda que usa la larva bracónido para pupar.

Detalle del adulto alado de Apanteles glometarus, sobre el cadaver ya de la larva del piérido tras salir de la pupa.

Detalle de las pupas abiertas y la salida de los adultos de bracónidos.

Muchas de estas especies auxiliares actúan de forma discreta y pasan desapercibidas si no se observan con detenimiento, pero desempeñan un papel clave en la regulación de las poblaciones, por tanto, un cierto de reducto de "plaga" es fundamental para el mantenimiento de nuestros auxiliares.

6. Dimensión educativa y social:  En huertos sociales, la gestión de estas especies debe entenderse como una oportunidad:

  • Para explicar el funcionamiento del agroecosistema.
  • Para fomentar la observación y el aprendizaje colectivo.
  • Para evitar respuestas impulsivas basadas en la percepción del daño.
Detalle del adulto de Pieris brassicae sobre Menta piperita.

La mariposa de la col no es únicamente un organismo que “afecta” al cultivo, sino también se comporta como un bioindicador de un huerto vivo, sano, dinámico e interconectado con su entorno, a la vez de servir como un polinizador generalista en estado adulto.

Detalle del ojo compuesto del adulto del piérido con cientos de omatidios.

Integrar su presencia desde el conocimiento y la observación permite transformar un problema aparente en una herramienta estratégica para el manejo del cultivo.  En este sentido, convivir con estas especies no sólo es posible, sino que constituye una de las formas más directas de comprender, en la práctica, los principios de la agroecología aplicada.

Detalle del piérido calentándose al sol antes de visitar la siguiente flor.

miércoles, 25 de marzo de 2026

FAMILIA FORMICIDAE (2ª Parte)

DESCRIPCIÓN;

A principios de este año compartía en este blog una reflexión sobre las hormigas y su papel en el huerto en una primera parte,  donde invitaba a mirarlas con algo más de calma y curiosidad, alejándonos de la idea simplista de considerarlas únicamente como un problema.  Aquella entrada pretendía precisamente eso: detenernos un momento, observar su comportamiento y entender que, como ocurre con muchos otros organismos del agroecosistema, su presencia responde a relaciones mucho más complejas de lo que a primera vista puede parecer.  La buena acogida que tuvo ese primer artículo, y el interés que despertó entre muchos lectores, ha hecho que desde Andalhuerto me hayan propuesto continuar con el tema y escribir una segunda parte que profundice un poco más en las relaciones de estos fórmidos.

Las hormigas no son polinizadores habituales, aunque existen algunas excepciones interesantes.

Cuando se habla de hormigas, siguen circulando muchas afirmaciones que se repiten casi como verdades incuestionables: que dañan las plantas, que provocan plagas o que eliminarlas es la solución a determinados problemas del cultivo.  Son ideas muy extendidas, pero en la mayoríade los casos, no se corresponden con la realidad.

En esta ocasión me gustaría detenerme precisamente en algunas de esas creencias que solemos escuchar sobre las hormigas, revisándolas y continuando con una mirada agroecológica obejetiva.  No se trata de idealizarlas ni de negar que, en determinadas circunstancias, puedan favorecer algunos desequilibrios, sino de intentar comprender mejor su papel dentro del huerto.

Trofobiosis, relación entre la hormiga y el pulgón.

Porque, como suele ocurrir en la naturaleza, la realidad rara vez es tan simple como parece a primera vista.  Y las hormigas, lejos de ser únicamente un problema, forman parte de ese complejo entramado de relaciones que sostiene la vida del agroecosistema, y por consiguiente contribuyen en la mayoría de los casos a encontrar la solución.

BIOLOGÍA:

Algunos de los malentendidos que existen sobre las hormigas en el huerto tienen su origen en ciertos aspectos de su biología y de su comportamiento alimentario.

Muchas especies de hormigas presentan una dieta oportunista y muy variada, basada en pequeños insectos, restos orgánicos, semillas o sustancias azucaradas.  Entre estas últimas se encuentra la melaza producida por pulgones y cochinillas, un recurso energético muy apreciado para la colonia y archiconocido por todos.  Por este motivo, es relativamente frecuente observar hormigas desplazándose por plantas donde se encuentran estos insectos, que incluso los pastorean, moviéndolos de un lado a otro de la planta como si de ganado se tratase.

Hormigas aprovechando el hueco de la madera muerta de la vid, para hacer su hormiguero como buenas oportunistas que son.

Esta relación no implica que las hormigas provoquen la aparición de los pulgones. En la mayoría de los casos, simplemente aprovechan un recurso ya presente en el agroecosistema, y como venimos deciendo los fórmidos son meros oportunistas en la mayoría de los casos.

Por otra parte y quizás la más importante para nuestros intereses, es la actividad excavadora de muchas especies de hormigas, dando lugar a tejer amplias redes de galerías en el suelo, especialmente en zonas secas o con sustratos arenosos.  Estas estructuras pueden aparecer cerca de raíces o en la base de las plantas, lo que puede llevarnos a pensar que las hormigas se alimentan de ellas.  Sin embargo, en la mayoría de los casos, su presencia responde únicamente a la construcción del hormiguero o a la búsqueda de alimento, provocando sin pretenderlo, una acción indirecta que favorece la aireación del terreno, la mejora de la estructura del suelo y por consiguiente aumenta la capacidad de retención de agua del sustrato.

Mirmecogranivoría (consumo de semillas).

Sólo desde el conocimiento de estos aspectos básicos, podremos interpretar mejor la presencia de las hormigas en el agroecosistema, y evitar atribuir a las hormigas efectos que en realidad son originados por otras causas.  Aportando con su mera presencia, un mensaje indirecto al agricultor que no debe ignorar.

Hormigas trasladando sus crías (huevos y ninfas) en respuesta a cambios ambientales, posiblemente por una innundación.

Sin embargo, me gustaría hablaros de algo que ya apuntaba en esa primera parte de principios de año, y que me fascina de este superorganismo, me refiero a sus capacidades de comunicación entre la propia colonia y el medio.  Las hormigas tienen muchas glándulas exocrinas (entre las patas, cabeza o en el extemo posterior del gastro) mediante la cuales, segregan "aromas" al exterior conocidos de sobra por todos como feromonas y que usan para comunicarse.  Estas sustancias, son la base de un sistema de comunicación complejo y eficaz.  Principlamente las usan para dos cuestiones principales, la localización de la comida y la presencia de un peligro potencial o inminente.  Las obreras recolectoras, colocan las feromonas como si de un camino de migas de pan se tratase, para que sea seguido por sus compañeras hasta la fuente de alimentación, y siempre procurando buscar el camino más corto hasta su hormiguero ahorrando el máximo gasto energético para la colonia.  Sus hermanas, harán lo propio colocando su feromona hasta que se agote el alimento, dejando en ese momento, de emitir la feromona hasta que se evapore y se pierda el rastro por completo, dando a entender a la colonia que ya el alimento está agotado en esa localización.  En el caso de la feromona de peligro, son emitidas para informar a los otros miembros de la colonia, provocando una excitación y un aumento de su agresividad.  En otros casos en cambio, es interpretada como una orden de evacuación de sus ninfas o huevos del hormiguero, frente a cualquier contratiempo climáticos como una inundación o un incendio.  Por tanto, cada feromona transmite un mensaje distinto que toda la colonia recibe e interpreta de la misma manera.

ESPECIE CONTROLADA:

Las hormigas no podemos considerarlas como depredadores especializados de una única especie. Su comportamiento alimentario es oportunista y, dependiendo de la especie y de las condiciones del entorno, pueden actuar como depredadoras generalistas de pequeños artrópodos presentes en el huerto, que algunas plantas incluso han sabido leer y utilizar para su propio interés.

Entre las presas que ocasionalmente capturan o consumen se encuentran:

  • Huevos y larvas de insectos presentes en el suelo o sobre la vegetación (coleópteros entre otros).
  • Pequeñas orugas recién eclosionadas, especialmente cuando se desplazan por el suelo.
  • Larvas de dípteros y otros artrópodos blandos que resultan fáciles de transportar hasta el hormiguero. (pequeños microlepidópteros o himenópteros).
  • Insectos debilitados o muertos, contribuyendo al reciclado de la materia orgánica.

Esta actividad depredadora suele pasar desapercibida, pero forma parte de la función de muchas hormigas como consumidoras oportunistas dentro del agroecosistema, que no debemos subestimar.

Al mismo tiempo, algunas especies pueden establecer relaciones de aprovechamiento con insectos productores de melaza, como pulgones o cochinillas de sobra conocidas, de los que las hormigas obtienen alimento azucarado del homóptero, a cambio de la protección del fórmido ante posibles depredadores. Este comportamiento, relativamente conocido, es el que ha contribuido a generar la idea de que las hormigas favorecen determinadas plagas.  Algunas plantas como es el caso del tomate (Solanum lycopersicum) entre otras plantas cultivadas, poseen esta interacción indirecta, a través de otros productores de melazas asociados, que son los verdaderos atrayentes de las hormigas no la planta en sí.  En estos casos, la planta no dispone de estructuras específicas para atraerlas, como los nectarios extraflorales, sino que son otros organismos asociados (principalmente insectos productores de melaza como pulgones, mosca blanca o cochinillas) los que actúan como verdadero foco de atracción.  Es decir, la presencia de hormigas en este tipo de cultivos no responde a una interacción planta-hormiga propiamente dicha, sino a una relación indirecta mediada por estos insectos. Las hormigas acuden atraídas por la melaza que producen estos homópteros, integrándose en una red de interacciones ya existente dentro del agroecosistema en una compleja coevolución entre especies.  Este matiz es importante, porque puede llevar a interpretaciones erróneas.  A simple vista, puede parecer que es la planta la que “atrae” a las hormigas, cuando en realidad está actuando como soporte de una relación trófica más compleja.  De hecho, en estos casos, la presencia de hormigas suele ser un indicador de la existencia previa de poblaciones de insectos productores de melaza. 

A continuación, paso a describir una serie de interrelaciones que las hormigas establecen en su medio que debemos conocer para interpretar mejor su labor en el agroecosistema:

Interacciones entre horminas, plantas y otros artrópodos:

  • Trofobiosis:  Es la típica relación que ya describíamos en la primera parte y que venimos identificando como de sobra conocida, es decir me refiero a la relación entre la hormiga y el pulgón, donde el fórmido se asocia con el áfido para obtener alimento sin matarlo (melaza), y la hormiga ofrece al pulgón protección ante cualquier posible depredador.  Esta relación es la típica que se establecen entre los fórmidos con los hemípteros: pulgones, cochinillas y otros diaspinos, todos ellos con un denominador común, su característico aparato bucal picador chupador mediante el  que se valen para extraer la savia elaborada de la planta para expulsar el sobrante por los sifones, en el caso de los pulgones. Así pues, estos homópteros tienen un régimen alimentario muy rico en azúcares y agua.  Estas dos sustancias excretadas se le conoce con el nombre de "mielato" o melaza.  Donde la hormiga llega a golpear el extremo del abdomen del áfido con sus antenas, para estimular la excreción de la melaza, que es absorvida  inmediatamente por ella.  Otra relación de este tipo que se ha estudiado ocurre con las mariposas, sobre todo con la familia Lycaenidae.  La trombiosis con las hormigas y estas mariposas, se basa en la oruga de la mariposa, la cual posee una glándula exocrina que produce una líquio azucarado apreciado por la hormiga.  Donde la hormiga lejos de tratar a la oruga como una presa indefensa y ápoda para que la escapatoria no es una opción, las hormigas la protegen de los depredadores para beneficiarse de este líquido azucarado, incluso la oruga puede elegir emitir sustancias que imitan a las feromonas de las hormigas para que sea reconocida como parte de la colonia e incluso puede generar la feromona de alarma para que las hormigas sean atraídas en caso de necesidad y se ponga en guardía para que la proteja.  Esto no deja de ser una relación mutualista, pero que algunas especies de mariposa de esta familia Lycaenidae han evolucionado hacía estrategias parásitas mucho más refinadas, como es el caso del licénido conocido como "Maculinea azul",  que usan a la hormiga (Myrmica sspp) para que la trasporten al hormiguero, donde se alimentará de crías de hormigas sin despertar ninguna sospecha, al emitir una sustancia química que le hace parecer parte de la colonia.
Licénido calentando sus alas al sol.
  • Mirmecofilia: Esta relación se basa cuando otro artrópodo obtiene un beneficio de las actividades de las hormigas.  Como arañas, chinches o estafilínidos donde su estrategia es parecerse morfológicamente a las hormigas hasta confundirse con ellas, para obtener alguna ventaja.
  • Mirmecogranivoría (consumo de semillas): Consistente en un comportamiento ecológico presente en determinadas especies de hormigas que consiste en la recolección y consumo de semillas como parte fundamental de su dieta.  Este comportamiento puede ser especialmente interesante, ya que algunas especies contribuyen a la reducción del banco de semillas de plantas adventicias, actuando como un mecanismo natural de regulación.
  • Mirmecocoria (dispersión de semillas): Es una interacción en la que ciertas hormigas participan en la dispersión de semillas, transportándolas desde la planta madre hasta otros lugares, generalmente en el suelo o en el interior del hormiguero.  La mirmecocoria representa una interacción más compleja donde las hormigas actúan como aliadas en la dispersión vegetal, mostrando la doble cara de su papel en el agroecosistema.  Puede resultar, a primera vista, contradictorio hablar por un lado de mirmecogranivoría, que puede contribuir a reducir el banco de adventicias... y, por otro, de mirmecocoria, que podría interpretarse como un mecanismo que favorece su persistencia.  Sin embargo, ambos procesos no sólo no son excluyentes, sino que forman parte de la complejidad de las interacciones ecológicas en las que participan las hormigas.  No todas las semillas son consumidas, ni todas las que son transportadas llegan a germinar. En muchos casos, las hormigas seleccionan determinadas semillas para su alimentación, mientras que otras son desplazadas, almacenadas o incluso abandonadas en condiciones que pueden favorecer o dificultar su germinación.  Además, la mirmecocoria no implica necesariamente un aumento del banco de semillas, sino una redistribución espacial de las mismas. Este proceso puede alejar las semillas de la planta madre, situarlas en microhábitats más favorables o, por el contrario, en lugares donde su viabilidad disminuya.  Por tanto, el efecto final sobre el banco de semillas dependerá de múltiples factores: las especies de hormigas presentes, el tipo de semillas, las condiciones del suelo y el propio equilibrio del agroecosistema.  Lejos de ser procesos opuestos, mirmecogranivoría y mirmecocoria son ejemplos de cómo un mismo grupo de organismos puede desempeñar funciones aparentemente contradictorias, pero que, en conjunto, contribuyen a la dinámica y regulación del sistema.
  • Plantas mirmecofilas: Son aquellas especies vegetales que mantienen una relación estrecha y beneficiosa con las hormigas, desarrollando adaptaciones específicas para atraerlas, alimentarlas o incluso alojarlas, a cambio de distintos servicios ecológicos.  En agroecología, pueden contribuir a la regulación biológica natural favoreciendo el equilibrio del sistema.  Muchas de estas plantas, son cultivadas habitualmente por nosotros en agricultura, como por ejemplo: los melocotoneros o nectarinos (Prunos persica) que poseen nectarios extraflorales que atraen a las hormigas que hactuán como defensores de otros insectos fitófagos. El girasol Helianthus annuus que produce néctar fuera de la flor en ciertas especies, así como el propio algodón (Gossypium spp.) donde está muy bien documentado que la presencia de nectarios extraflorales activos, atraen a las hormigas lo que provoca una reducción de plagas como; rosquillas (orugas de lepidópteros) así como de otras larvas de plagas claves del cultivo teniendo ese mismo efecto:  (Heil, M. 2015. Extranuptial nectar at extrafloral nectaries: an evolutionary perspective), o Bentley, B.L. 1977 Extrafloral nectaries and protection by pugnacious bodyguards.  
La planta del algodón Gossypium spp se sirve de sus nectarios extraflorales para atraer a las hormigas y luchar contra sus principales plagas.
  • Igualmente, existen leguminosas cultivadas como las habas (Vicia faba) donde la planta ha coevolucianado con el insecto presentando nectarios en las estípulas para atraer a las hormigas, y para que estas, puedan defender a las plantas de otros insectos fitófagos muchos de ellos potenciales plagas.  Pero claro, como todo en la naturaleza tiene una excepción.  En el caso de los pulgones, también van a ser protegidos por ellas, al presentar estos a su vez una coevolución más compleja.  En este caso, el pulgón, ha sabido copiar la estrategia de las plantas mirmecófilas, para aprovechar el servicio de custodia que les ofrecen las hormigas y que le viene extraordinariamente bien, ya que al tener una escasa movilidad la defensa que ejerce la hormiga, le permite sobrevivir ante una potencial depredador mucho más rápido que él.
Detalle de la flor del haba Vicia faba. típica de las papilonáceas que también prsentan nectarios extraflorales que atraen a las hormigas.
  • Polinización: La relación entre hormigas y plantas es mucho más limitada y compleja.  De hecho, las hormigas no son polinizadores habituales, aunque existen algunas excepciones interesantes (en plantas cultivadas como: fresa, zanahoria o incluso en cítricos) donde las hormigas pueden actuar como “polinizadores accidentales”.  Por tanto, más que considerarlas polinizadores en sentido estricto, resulta más adecuado entender su papel como el de agentes ocasionales dentro de la red de interacciones del agroecosistema, cuya contribución dependerá siempre del contexto y de la disponibilidad de otros polinizadores más eficientes.

Por tanto, como ocurre con muchos otros organismos del huerto, podemos resumir que el papel de las hormigas no es unidireccional, sino que depende de múltiples factores ecológicos y de las especies implicadas.  Luego conocer las interrelaciones entre hormigas-suelo-planta, es fundamental para aplicar la estrategía adecuada.

Hormiga alada (alúa) en fase reproductiva.


MEDIDAS PARA FAVORECER SU PERMANENCIA EN NUESTRO AGROECOSISTEMA:

Las hormigas forman parte habitual de muchos agroecosistemas y su presencia suele estar ligada a suelos relativamente poco perturbados y con cierta diversidad biológica. Más que introducirlas o favorecerlas de forma artificial, lo más razonable es crear condiciones que permitan su presencia natural dentro del equilibrio del huerto.

Relación de Trofobiosis.

Algunas prácticas que contribuyen a ello son:

  • Evitar el uso de insecticidas de amplio espectro, que eliminan indiscriminadamente muchos organismos del suelo y reducen la biodiversidad del agroecosistema.
  • Mantener cobertura vegetal o acolchados orgánicos, que proporcionan refugio y favorecen la actividad de numerosos invertebrados.
  • Reducir las labores intensivas del suelo, ya que el volteo frecuente destruye galerías y nidos.
  • Favorecer la diversidad de hábitats, mediante setos, bordes florales o zonas menos intervenidas del huerto.
  • Mantener cierto grado de complejidad ecológica, permitiendo que diferentes organismos interactúen entre sí.

Como ocurre con muchos otros habitantes del huerto, las hormigas no deben entenderse como un elemento aislado, sino como un aliado que forma parte de un entramado de relaciones ecológicas mucho más amplio y complejo. Su presencia, por tanto, debe interpretarse en la mayoría de los casos como una consecuencia y no como la causa del problema.

Lejos de ser un indicador negativo por sí mismas, las hormigas suelen advertirnos de que el agroecosistema mantiene un cierto grado de actividad biológica. Sin embargo, cuando observamos un aumento inusual de su presencia, conviene detenerse y analizar la situación con mayor detalle, ya que pueden estar señalando la existencia de un desequilibrio previo (como la proliferación de pulgones u otros insectos productores de melaza) que es el verdadera etiología del problema.

Comprender este papel resulta clave, ya que no se trata de actuar directamente sobre las hormigas, sino de identificar correctamente la causa de su presencia y abordarla desde su origen, favoreciendo así un manejo más eficaz y coherente con el equilibrio del agrocosistema.

Insistir en lo que decía anteriormente, que más allá de las interrelaciones descritas dependientes del contexto, existe un efecto asociado a la presencia de las hormigas que resulta mucho más intrínseco y con carácter irrefutable, ya que corresponde a una acción física y directa con claro impacto en la fertilidad y resiliencia sobre el suelo.  La actividad excavadora de las colonias genera una red de galerías que contribuye a airear el terreno, mejorar su estructura y favorecer la infiltración y distribución del agua a la vez que lucha contra la erosión.  Este proceso, a menudo poco visible, tiene implicaciones directas sobre la funcionalidad del suelo y, por extensión, sobre el propio cultivo.  A diferencia de otras interacciones más variables, este efecto físico se produce de forma continuada, allí donde las hormigas están presentes contribuyendo a la mejora de las condiciones edáficas y, en última instancia, a la resiliencia del agroecosistema.  Como pasa con otras muchas cosas en la vida... hay funciones que no se ven pero sostienen todo lo demás, y desgraciadamente sólo cuando las perdemos es cuando empezamos a valorar su verdadera importancia al percibir su pérdida.

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lunes, 9 de marzo de 2026

FAMILIA ANYSTIDAE

 DESCRIPCIÓN: (Anystis sspp.).

Como ya sabéis, muchos de nuestros auxiliares no son propiamente insectos. Algunos entre otros, pertenecen a la clase Arachnida, el grupo que engloba a las arañas y también a los ácaros. Sin embargo, en determinadas especies como ocurre con los ácaros del género Anystis, los primeros estadios de desarrollo pueden llevarnos a cierta confusión. En sus fases iniciales presentan sólo seis patas, algo que a primera vista podría hacernos pensar en un insecto. Tras varias mudas consecutivas, alcanzan el estado adulto desarrollando las ocho patas características de los arácnidos, revelando así su verdadera naturaleza.


Detalle del anístido adulto (Anystis baccarum) que pese a tener apenas 0,8 – 1,5 mm de longitud, se consideran grande para ser un ácaro.

Entre la gran diversidad de ácaros existentes, encontramos especies fitófagas responsables de importantes plagas agrícolas como la temida araña roja, pero también contamos con su némesis dentro de este grupo, ácaros depredadores que actúan como aliados naturales en la regulación biológica. Entre los más conocidos, seguro que os suenan los pertenecientes a la familia Phytoseiidae, como Phytoseiulus persimilis, Amblyseius californicus o Amblyseius swirskii, ampliamente utilizados en programas de lucha biológica contra ácaros plaga como la citada araña roja (Tetranychus spp.).

Sin embargo, en nuestros cultivos también aparecen de forma espontánea otros ácaros depredadores mucho menos conocidos, entre los que destacan los pertenecientes a la familia Anystidae, cuyo género más habitual es Anystis sspp, sobre el que centraré la entrada de hoy.

En esta ocasión, me gustaría hablaros concretamente de los ácaros conocidos popularmente como “ácaros torbellino” (debido a la extraordinaria rapidez con la que se desplazan por la superficie de hojas, tallos, frutos o muros en busca de presas, y con tan solo 0,8 – 1,5 mm de longitud).  Aunque no se comercializan para control biológico debido a la dificultad de su cría en cautividad dentro del laboratorio, en ecosistemas agrícolas equilibrados pueden desempeñar un papel importante en la regulación natural de pequeñas poblaciones de artrópodos.  Esta velocidad en su desplazamiento, les permite capturar presas de forma activa, característica por otra parte poco habitual entre muchos otros ácaros, que suelen esperar a que la presa pase cerca para lanzar su ataque, con una estrategia algo más conservadora y pasiva que nuestro protagonista de hoy.

Su desplazamiento es rápido y errático, es una característica de este género de ácaros, lo que los hace difícil de fotografiar en su medio.


BIOLOGÍA:

A simple vista, los anístidos son relativamente fáciles de reconocer por su comportamiento extremadamente activo. Se tratan de ácaros de color rojizo o anaranjado, con patas largas y gran movilidad.

Su desplazamiento es rápido y errático, cambiando constantemente de dirección, lo que hace que raramente permanezcan quietos durante mucho tiempo, dificultandome la captura de alguna foto medio decente para el blog. Este comportamiento ha dado lugar a su denominación en inglés como whirling mites, que podría traducirse como ácaros torbellino.

Precisamente esta gran movilidad hace que resulten complicados de fotografiar tal como decía, ya que suelen recorrer la superficie de la planta o fruto a gran velocidad en busca de presas, deteniéndose sólo unos instantes antes de continuar su recorrido, momento en el que pude aprovechar para tomar algunas fotos en días distintos, hasta que pude recuperar la paciencia necesaria para poder ofreceros alguna foto de calidad.  

Como curiosidad, cabe señalar que las patas relativamente largas de estos ácaros se insertan muy próximas entre sí en la base del cuerpo, lo que les permite girar con gran rapidez sobre sí mismos mientras se desplazan. Esta particular disposición de sus patas, explica en parte su característico movimiento con giros rápidos y cambios bruscos de dirección, algo que quienes hayan tenido la oportunidad de observarlos en acción, coincidirán conmigo en que la velocidad de sus movimientos, hacen muy difícil el enfoque de la cámara para captar una foto con suficiente nitidez, a la altura de este vuestro blog.

En ecosistemas poco alterados por tratamientos fitosanitarios es relativamente frecuente observarlos sobre hojas, tallos, frutos o incluso en muros soleados, donde patrullan activamente en busca de pequeños artrópodos entre los líquenes.

Los ácaros de la familia Anystidae, cuyo género más representativo es Anystis, presentan un ciclo biológico relativamente simple, típico de muchos ácaros depredadores. Donde las hembras depositan los huevos generalmente en el suelo, grietas de la corteza o entre restos vegetales, donde quedan protegidos de la desecación y de posibles depredadores. De estos huevos emergerá una larva hexápoda, es decir, con seis patas, que tras varias mudas pasará a los estadios ninfales y posteriormente al estado adulto, momento en el que adquiere las ocho patas características de los arácnidos. 

                              Sus movimientos rápidos sortean sin dificultad la pilosidad de la hoja como si de un eslalon se tratase.

Tanto las ninfas como los adultos presentan comportamiento depredador activo, desplazándose continuamente sobre la vegetación o el suelo en busca de pequeñas presas.  A diferencia de otros ácaros con fases parasitarias, los anístidos mantienen hábitos depredadores durante prácticamente todo su desarrollo móvil. En condiciones favorables, estos ácaros pueden completar varias generaciones a lo largo del año, especialmente en ambientes cálidos y con abundancia de presas.  Durante los periodos más desfavorables suelen refugiarse en grietas del suelo, bajo restos vegetales o entre la corteza de los árboles.

Su elevada movilidad y carácter oportunista les permite aprovechar rápidamente la aparición de pequeñas poblaciones de artrópodos, actuando como depredadores generalistas dentro del equilibrio natural del agroecosistema.


ESPECIE CONTROLADA:

Los anístidos son depredadores generalistas como decía, capaces de alimentarse de numerosos pequeños artrópodos presentes en la vegetación. Entre sus presas más habituales se encuentran: Pulgones jóvenes, trips, colémbolos, huevos de mosca blanca, pequeñas larvas de insectos y especialmente otros ácaros fitófagos, principalmente de la familia Tetranychidae.  

Sin embargo, aunque los anístidos no son depredadores especializados de diaspinos (cochinillas), también pueden consumir ninfas móviles de estos insectos potencialmente plagas, actuando como depredadores oportunistas dentro del complejo de enemigos naturales.  Como podemos apreciar en la foto del cítrico, sobre la piel de la naranja encontramos pìojo rojo de California Aonidiella aurantii, así como de nuestro ácaro torbellino (Anystis baccarum) que se encuentra patrullando el fruto y capturando las ninfas recién emergidas, antes de que estas se recubran con su escudete protector que las hará casi  inexpugnables.  Actuando nuestro protagonista por tanto, como un agente generalista para la regulación de este tipo de diaspino, considerado por muchos como una de las principales plagas en producción ecológica, por la depreciación que provoca su presencia, sobre el valor del fruto en su fase de industrialización y/o comercialización.

            Los anístidos contribuir a reducir plagas como la del piojo rojo de california, capturando las ninfas recién emergidas.


Los ácaro del género Anystis sspp, puede suponer un fiel aliado ante diaspinos.

Gracias a la dieta variada que poseen estos ácaros, se pueden mantener activos incluso cuando una plaga concreta no es abundante, contribuyendo a equilibrar de forma natural las poblaciones de pequeños artrópodos en el cultivo, sin estar condicionados a una dieta altamente especializada.

Existen, estudios que indican que los anístidos pueden aprender a localizar zonas con mayor densidad de presas, algo bastante sorprendente para un ácaro.  Si la densidad de presas es baja, los individuos abandonan rápidamente el área en busca de nuevas zonas de alimentación: 

  • Cuthbertson, A.G.S. (2014). Anystis baccarum. An Important Generalist Predatory Mite.
  • An Important Generalist Predatory Mite. Insects, Saito et al. (2025). Investigating the potential of Anystis baccarum in biological control. Journal of Insect Science.
  • Zhang, Z.Q. (2021). How long do whirligig mites live? Zoosymposia.

Por eso en algunos huertos o agroecosistemas, se observan que las poblaciones de nuestro ácaro aumentan durante los brotes de ácaros fitófagos.  Su movimiento rápido y aparentemente caótico no es casual: es la estrategia que utiliza este pequeño depredador para aumentar las probabilidades de encontrar presas en el agroecosistema.  Los estudios indican que la localización de presas de estos ácaros, dependen sobre todo del contacto y del movimiento aleatorio, más que de señales químicas a distancia que puedan detectar.


MEDIDAS PARA FAVORECER SU PERMANENCIA EN NUESTRO AGROECOSISTEMA:

Desde un enfoque agroecológico, favorecer la presencia de estos ácaros depredadores no requiere medidas específicas, sino la adopción de prácticas que aumenten la biodiversidad del agroecosistema.  Entre ellas destacan:

  • Implantación de cubiertas vegetales.
  • Presencia de setos o vegetación espontánea.
  • Sistemas de policultivo.
  • Incorporación de restos vegetales al suelo.
  • Reducción del uso de fitosanitarios.

Los ácaro del género Anystis sspp así como la mayoría de los ácaros depredadores, son muy sensibles a tratamientos fitosanitarios.

Estas prácticas favorecen la presencia de pequeñas presas y refugios naturales, permitiendo que los anístidos se establezcan de forma estable en el cultivo.

En este sentido, es importante aceptar la presencia de pequeños focos de presas, ya que constituyen el alimento necesario para que la fauna auxiliar permanezca activa. De este modo, el agroecosistema dispone de una especie de “vacuna” capaz de reaccionar cuando alguna población de plaga comienza a crecer de forma descontrolada, aumentando la resilencia del agroecosistema.


Encontrar estos ácaros, es una señal de salud del agroecosistema comportándose como verdaderos bioindicadores.

Algo curioso es que estos ácaros no siempre se encuentran sobre plantas. Es frecuente observarlos desplazándose por: muros soleados, piedras, suelo desnudo o cortezas de árboles.  Esto ocurre porque patrullan amplias zonas en busca de presas, no permanecen asociados a una planta concreta, ya que su estrategia de caza tal como decía se debe a su movimento incansable y prospectivo, más que por la presencia de metabolitos secundarios que pueda detectar de plantas hospedantes o feromonas emitidas por las propias presas.  Por tanto, a diferencia de otros auxiliares más ligados a una planta hospedante concreta, los ácaros del género Anystis presentan un comportamiento muy móvil y exploratorio, patrullando amplias superficies en busca de presas, de forma primitiva pero efectiva. Por este motivo, su presencia no depende tanto de una especie vegetal concreta como de las condiciones generales del agroecosistema.


Deambulan por amplias zonas en busca de presas, no permanecen asociados a una planta concreta

En definitiva, más que favorecer su presencia con una o varias plantas concretas, las medidas para favorecer la conservación de estos ácaros pasan por mantener un agroecosistema estructuralmente diverso, donde puedan encontrar refugio y una oferta constante de pequeñas presas.  

A diferencia de muchos ácaros depredadores que prefieren ambientes húmedos del follaje, los anístidos suelen observarse con frecuencia en zonas cálidas y soleadas, por tanto, contar con zonas abiertas o elementos como muros, piedras o taludes donde no intervengamos constantemente, puede favorecer su establecimiento y permanencia.

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domingo, 1 de febrero de 2026

FAMILIA CARABIDAE

 DESCRIPCIÓN

En los agroecosistemas bien conservados, bajo piedras, terrones de suelo o entre los restos de hojarasca, habita un grupo de escarabajos discretos pero extraordinariamente eficaces en la depredación. Se trata de una familia muy numerosa de coleópteros que desempeña una labor silenciosa y fundamental en el equilibrio del agroecosistema. A ellos, conocidos como carábidos, dedicaré esta entrada.

Detalle de las mandíbulas del carábido (Patrubus atrorufus), con forma de auténticas cizallas.

Miembros de la Familia Carabidae, representan un conjunto de escarabajos terrestres muy diverso dentro del orden Coleoptera y uno de los grupos más interesantes desde el punto de vista morfológico, ecológico y evolutivo. Más allá de su diversidad de formas, tamaños y colores, estos insectos desempeñan un papel clave en numerosos agroecosistemas gracias a su marcado carácter depredador y a su estrecha relación con el suelo, razones más que suficientes para que engrosen nuestra particular lista de fauna auxiliar.

Como es bien conocido, el orden Coleoptera constituye el grupo de animales más diverso del planeta. Con cerca de 400.000 especies descritas, los escarabajos por sí solos representan aproximadamente el 25 % de la biodiversidad mundial conocida. Dentro de este inmenso grupo, los carábidos conforman una familia con alrededor de 40.000 especies descritas a nivel global, lo que los sitúa entre las familias más diversas de los coleópteros y, por extensión, entre las más diversas del reino animal.

Sus potentes mandíbulas y ojos prominentes les confiera una ventaja evidente en la depredación nocturna.

Gracias a su extraordinario éxito evolutivo, han colonizado prácticamente todos los ambientes terrestres conocidos, desde zonas agrícolas y forestales hasta ecosistemas de alta montaña. Están presentes en todos los continentes, con la única excepción de la Antártida, como ya comentábamos en la entrada dedicada a las hormigas, donde el continente helado no es un sitio acogedor para nadie, y menos para los insectos por una combinación de limitaciones ambientales extremas que chocan directamente con su biología como: temperaturas letales, ambiente extremadamente seco, falta de vegetación y alimento, fotoperiodos extremos, así como por su pequeño tamaño.  Aunque, como casi siempre en biología..., existe alguna excepción que confirma la norma, como es el caso de la especie Belgica antarctica, un pequeño quironómido áptero que vive en zonas costeras muy concretas del continente antártico peteneciente a la familia Chironomidae, nada que ver con nuestro protagonista de hoy.

 

Carábido descubierto a pleno día, al remover una piedra donde se encontraba descansando.

El origen de los coleópteros se remonta a mediados del Carbonífero, hace más de 300 millones de años, en un contexto evolutivo muy anterior a la consolidación de los ecosistemas terrestres tal y como hoy los conocemos. Esta dilatada historia evolutiva explica, en parte, la enorme plasticidad ecológica de los carábidos y su capacidad para adaptarse a condiciones ambientales muy diversas. Conviene recordar el extraordinario recorrido evolutivo de los insectos, ya presentes en la Tierra decenas de millones de años antes de la aparición de los primeros vertebrados terrestres, lo que los convierte en auténticos pioneros de la colonización del medio terrestre.

Carábido buscando con avidez un nuevo escondite tras ser descubierto.

A pesar de su adaptación y de su variedad cromática y morfológica, reconocer a un carábido resulta relativamente sencillo si observamos algunos rasgos comunes: la cabeza es siempre más estrecha que el pronoto, los ojos suelen ser prominentes (adaptados a su actividad crepuscular y nocturna) y las antenas se insertan entre los ojos y las mandíbulas. Estas últimas, fuertes y en forma de auténticas cizallas, delatan su carácter netamente depredador, junto con la rapidez de movimiento fruto de una dieta rica en nitrógeno. 

Antenas filiformes de carábido, dotadas de sensilas 
fundamentales para la percepción química y táctil durante la actividad depredadora


BIOLOGÍA

Los carábidos son excelentes bioindicadores del estado del suelo y del funcionamiento de los agroecosistemas. Muchas de sus especies desarrollan todo su ciclo vital en estrecha relación con el suelo, participando indirectamente en procesos como la fragmentación de la materia orgánica, la aireación del sustrato y la mejora de la infiltración del agua.

Detalle del pronoto ensanchado sobre la base de la cabeza en un carábido, rasgo morfológico característico del grupo,

Desde el punto de vista de la regulación biológica, su papel es especialmente relevante. Tanto las larvas como los adultos son depredadores activos de numerosos invertebrados a nivel de suelo, lo que los convierte en aliados naturales en la regulación de poblaciones que se comportan potencialmente como plagas. Son frecuentes sus capturas de larvas de dípteros que pupan en el suelo, lo que los sitúa como enemigos naturales de interés frente a plagas, como la dichosa mosca del olivo (Bractocera oleae), cuyas larvas pupan directamente sobre el suelo al arrojarse desde el fruto, encapsulándose como estrateguia de protección, pero que nada tienen que hacer frente a la depredación de nuestros protagonistas de hoy.

Sus largas antenas se insertan entres sus ojos y las mandíbulas.

Además, los carábidos muestran una elevada sensibilidad a las alteraciones de su entorno, especialmente a la simplificación del hábitat y al uso de productos fitosanitarios. Por este motivo, son uno de los grupos de coleópteros más utilizados en estudios de evaluación de la calidad ambiental, impactos del cambio climático y análisis de biodiversidad funcional en sistemas agrícolas.

Élitros fuertemente endurecidos de carábido, que protegen el abdomen y las alas posteriores durante su vida terrestre.


ESPECIES CONTROLADAS

La mayoría de los carábidos presentan hábitos nocturnos. Durante el día permanecen ocultos bajo la hojarasca, entre terrones de suelo, bajo piedras o troncos, saliendo al anochecer para cazar activamente.

Se trata de depredadores generalistas, capaces de alimentarse de una amplia gama de presas: huevos y larvas de insectos, pequeños artrópodos, babosas, caracoles e incluso, en algunos casos, pequeños vertebrados. Esta dieta amplia y flexible les permite adaptarse con facilidad a los recursos disponibles en cada agroecosistema y ejercer una regulación biológica constante y sostenida en el tiempo.

Detalle de los palpos maxilares y labiales bien desarrollados, 
estructuras sensoriales clave en la detección y manipulación de las presas


MEDIDAS PARA FAVORECER SU PERMANENCIA EN NUESTRO AGROECOSISTEMA

Favorecer la presencia de carábidos en nuestro agroecosistema pasa, en primer lugar, por respetar el suelo como un ecosistema vivo. Mantener zonas sin laboreo, reducir la intensidad de los trabajos mecánicos y conservar una cobertura mínima de restos vegetales o rocas, proporcionan refugio y estabilidad a sus poblaciones, al menos en una zona concreta de la parcela.

La presencia de pequeños elementos estructurales, como acumulaciones de piedras, lindes, márgenes no cultivados o restos de madera, resulta especialmente beneficiosa. Estos microhábitats ofrecen refugio diurno, lugares de reproducción y protección frente a las condiciones climáticas extremas.  En definitiva, pequeñas decisiones de manejo pueden marcar una gran diferencia, permitiendo que los carábidos no sólo visiten nuestros agroecosistemas, sino que completen en ellos todo su ciclo vital y ejerzan plenamente su función como aliados silenciosos en la regulación biológica.

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