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jueves, 1 de enero de 2026

FAMILIA FORMICIDAE

 DESCRIPCIÓN:

Ante todo, feliz año 2026. Ojalá sea un año lleno de oportunidades, en el que se cumplan muchas de nuestras expectativas y, sobre todo, en el que tengamos la ilusión y la constancia necesarias para transformar en realidad esos buenos propósitos que tantas veces dejamos para luego.

Para inaugurar la primera entrada de este año, me gustaría detenerme en una gran familia de insectos que suele despertar más recelos que simpatías: me refiero a las hormigas. Su presencia en el huerto y en el agroecosistema genera con frecuencia dudas, preguntas y opiniones encontradas. En estas líneas quiero compartir mi visión sobre ellas, alejándolas del tópico de considerarlas como insecto problemático, y acercándolas a lo que considero su verdadero papel agroecológico.

Hormiga ganadera del género Camponotus sspp pastoreando a pulgones.

Se trata de un grupo de insectos omnipresente en el huerto y que es frecuentemente vilipendiado, por lo que os propongo alejarnos de visiones simplistas antes de sacar conclusiones precipitadas.  La propuesta que os planteo desde el presente "post" es clara: detenerse, observarlas con calma y tratar de comprender su comportamiento y su papel (a veces beneficioso, otras veces más complejo de entender) dentro del equilibrio del agroecosistema.

Basta con pararse unos minutos junto a un camino, un bancal o el borde de una linde para descubrir una actividad incesante que suele pasar inadvertida. Bajo nuestros pies, miles de individuos cooperan, se comunican y transforman el entorno con una eficacia asombrosa, de la que tendríamos que aprender mucho como sociedad y como indivíduos.

Hormiga soldado (Messor sspp) donde se observa el especial desarrollo de su cabeza y mandíbulas.

BIOLOGÍA:

Las hormigas no sólo son ingenieras del suelo y trabajadoras incansables, sino piezas fundamentales del equilibrio ecológico. Su comportamiento social, su relación con las plantas, con otros insectos y con la fertilidad del suelo, así como su enorme capacidad de adaptación, las convierten en protagonistas silenciosas de nuestros huertos y en grandes oportunistas.

Con frecuencia, culpabilizamos a las hormigas de daños en nuestros cultivos y buscamos métodos rápidos para su eliminación, cuando no vemos en realidad que nos están advirtiendo con su mera presencia de un posible daño que puede estar ocasionado por una plaga real como: pulgones, cochinillas u otros diaspinos.  

Poniendo el foco en el daño que produce la hormiga como consecuencia, y no en la etiología del problema provocado por otro agente como origen, estamos incriminando a una inocente que nos advierte de un problema que desoímos sistemáticamente.  

Hormiga alimentándose de la melaza de aphidos sobre hoja de cítricos.

Tened presente como ejemplo, la relación simbiótica entre la hormiga y el pulgón de sobra conocida por todos (trofobiosis): donde el áfido recibe protección (mirmecofilia) y la hormiga se ve atraída por el sabor dulce de la melaza que excreta el pulgón por sus sifones.  En definitiva, la pregunta correcta que deberíamos hacernos sería… ¿por qué está incidiendo el pulgón en nuestro cultivo atrayendo a las hormigas como buenas oportunistas que son?.

Hormiguero sobre madera de vid, madera muerta que han aprovechado.  No son la causa sino un síntoma, son oportunistas.

En este punto, conviene recordar que el uso de insecticidas contra hormigas suele provocar justo el efecto contrario al deseado es decir, una reproducción descontrolada y la ruptura de equilibrios aún mayores que pueden afectar a otra fauna auxiliar.  Téngase presente que la hormiga una vez se ve amenazada, envía mensajes químicos (feromonas) a su reina para que acelere el ritmo de puesta de huevos, aumentando consecuentemente su población de forma exponencial. Por eso en este "post", no hablaremos de venenos, ni de “repelentes milagro”, sino de ecología, observación y equilibrio.

Traslado de huevos y larvas por las obreras ante la inundación inmiente de su hormiguero, que son capaces de predecir.

Las hormigas son un grupo clave del ecosistema, pertenecen a una única familia, Formicidae, que están presentes en todos los continentes excepto en la Antártida. Se conocen sobre unas 14.000 especies, y se estima que en el planeta existen alrededor de mil billones de hormigas, aproximadamente 120.000 por cada ser humano.  Aunque pudiesen parecer pocas especies, si se compara con el millón de especies de insectos que se conocen actualmente, su biomasa total es mucho más grande en el caso de las hormigas que en la mayoría de los otros grupos de artrópodos.

Estos pequeños insectos desempeñan funciones ecosistémicas muy diversas. Participando en la dispersión de semillas; algunas plantas desarrollan estructuras ricas en grasas y proteínas que recubren sus semillas a modo de carúnculas (eleosomas) para atraerlas como ocurre en Borago officinalis L, y en otras, las hormigas pueden intervenir de forma secundaria en la polinización de nuestro huerto: como en cebollas, ajos o zanahorias, principalmente en plantas con flores de gran superficie.  Estas interrelaciones entre plantas y hormigas son extraordinarias, donde el consumo y dispersión de las semillas por parte de las plantas y el mutualismo llamado "de protección" de la hormiga, son claros exponentes de una coevolución entre organismos totalmente diferentes que optaron por colaborar hace millones de años.  Donde la hormiga protege a la planta de cualquier plaga a cambio de sustancias nutritivas producidas por estrucuturas específicas creadas por el vegetal, a modo de nectarios florales, como por ejemplo: en las pasionarias (Passiflora spp.) o las propias acacias.

Organización y comunicación: una sociedad compleja.

Si algo me llama especialmente la atención de los fórmidos es su organización social. La mayoría de sus individuos, son obreras que renuncian a reproducirse para sostener a la colonia, a la reina y a su descendencia.  Pero aún me resulta más fascinante, su sistema de comunicación. Donde predomina la señal química (feromona), pero emplean también otros métodos como: la visión (movimientos corporales), el tacto (antenas) y el sonido, pudiendo generar vibraciones mediante golpes sobre el sustrato o por estridulación, como si de un grillo se tratase. Esta diversidad de canales de comunicación permite también una mayor división del trabajo: existiendo hormigas agricultoras, ganaderas, tejedoras e incluso “enfermeras”, existiendo un reconocimiento colonial que la mayoría de las especies es cerrada, es decir, las hormigas que pertenecen a la misma colonia cooperan entre ellas pero agreden a todo extraño ajeno a su hormiguero.

Hormigueros de Messor barbarus después de llover, nidos interconectados que airean el suelo.


ESPECIE CONTROLADA:

Resulta especialmente interesante su papel como reguladoras de plagas, ya que muchas especies de hormigas se comportan como depredadoras generalistas, consumiendo huevos y larvas de lepidópteros potencialmente dañinos, a la vez que ellas mismas forman parte de la dieta de una amplia variedad de fauna auxiliar: arácnidos, anfibios, reptiles, lagartijas y aves.  Lo que la hace ser una especie clave en la cadena trófica de un agroecosistema.

Se ha observado que, en ecosistemas cerrados, la ausencia de hormigas puede incrementar las plagas hasta en un 40 % (Calabuig, A., García-Marí, P., & Pekas, A. 2014). Su aportación positiva al agroecosistema está, por tanto, fuera de toda duda. Son auténticas ingenieras del suelo: construyen nidos, airean el terreno aumentando su porosidad, concentran nutrientes y materia orgánica en los alrededores de los hormigueros y contribuyen en las primeras fases de descomposición y por tanto al reciclaje de la materia orgánica.

Hormiga decapitando a abeja muerta ejerciendo labores de primer descomponedor de la materia orgánica.

Cuando las hormigas “incomodan”.

Es en este punto donde conviene detenerse de nuevo. Cuando observamos muchas hormigas sobre nuestros cultivos y sentimos que “nos molestan”, en realidad nos están dando una información muy valiosa. Las hormigas actúan como verdaderos bioindicadores.

Un suelo con hormigas activas suele ser un suelo vivo, estructurado y resiliente, algo clave en agricultura ecológica, siendo incluso más eficaces que las lombrices en cuanto al volumen de aireación de un suelo. Al mismo tiempo, una abundancia excesiva suele indicar desequilibrios: presencia en exceso de pulgones o cochinillas, falta de diversidad vegetal (monocultivos) o un uso previo de insecticidas que ha eliminado a otros auxiliares que provocan su oportunismo.  En esos casos, las hormigas no son la causa sino el síntoma.

Daños ocasionados por los pulgones en hoja de cítricos, la hormiga haciendo guardía de su rebaño que defenderá a toda costa.

Tras todo lo anterior, y aunque las hormigas cumplen funciones ecológicas esenciales, pueden existir situaciones concretas en las que su abundancia puede generar problemas prácticos en el huerto: protección excesiva de pulgones y en consecuencia, dificultando la acción de la fauna auxiliar, entrada en semilleros, cultivos tiernos en sus primeros estadios que son mordisqueados, etc.  Mientras se identifica y corrige la causa real del desequilibrio, puede ser necesario reducir o redirigir su actividad de forma puntual, proponiendo hacerlo no desde la eliminación, sino desde la disuasión.  La estrategia no es acabar con las hormigas, sino romper rutas, disminuir presión y ganar tiempo.

Hormiga exploradora actuando como polinizadores indirectos de alguans especies vegetales.

Aunque no me gusta dar recetas cerradas a profesionales (porque cada agroecosistema es un sistema vivo y distinto y no admite soluciones universales), me consta que esta es una demanda bastante habitual entre el profesorado de los huertos escolares. Esta inquietud la he comprobado en primera persona a lo largo del curso del programa ALDEA: "La Aventura de Nuestro Ecohuerto", que he tenido la oportunidad de impartir a profesionales de primaria y secundaria de diferentes centros educativos, donde muchos docentes solicitan herramientas sencillas que puedan trabajarse en el aula con un claro componente educativo.

En ese contexto, la elaboración de remedios "caseros" no se plantea tanto como una solución técnica definitiva, sino como un recurso pedagógico que permite observar, experimentar y reflexionar con el alumnado sobre el funcionamiento del agroecosistema. Es por ello (y sin que sirva de precedente) que expongo a continuación algunos ejemplos de prácticas que pueden ayudar a redirigir o reducir puntualmente la actividad de las hormigas, siempre desde un enfoque respetuoso con el ecosistema.

Estos métodos actúan principalmente por interferencia del tránsito, desecación o alteración del microambiente del hormiguero, y deben aplicarse siempre de forma localizada y temporal, nunca de manera masiva. El objetivo no es eliminar a las hormigas, sino ganar tiempo mientras se identifican y corrigen las causas reales del desequilibrio que ha motivado su proliferación.

Remedios sólidos "caseros":

  • Arroz troceado con azúcar.  Sirviendo de cebo atractivo por su contenido dulce, donde las hormigas lo transportan al interior del hormiguero.  Si se humedece ligeramente tras su aplicación, puede fermentar y alterar el equilibrio interno de la colonia.  Nota: su eficacia es variable y nunca debe considerarse una solución estructural.
  • Levadura de panadería.  Aplicada en seco, por espolvoreo, en puntos de paso. Interfiere rutas más que actuar como insecticida directo.
  • Talco, yeso, bicarbonato o cenizas.  Funcionan como barreras físicas y desecantes. Obligan a modificar recorridos, especialmente útiles en zonas de paso o mesas de cultivo.  Lo prefiero a las tierras de diatomeas, algo más agresivas y que no sólo afectarían a las hormigas.
  • Cebos. El uso de atrayentes para concentrar poblaciones, el más utilizado es sin duda, el atún y las sardinas en aceite, ya que atraen rápidamente a las hormigas gracias a los lípidos y a la proteínas que contienen. Sin embargo, es la mantequilla de cacahuete compuesta por lípidos, glúcidos y proteínas, la que representa el cebo más atractivo, aunque también atraerá a otro tipo de insectos.

Remedios líquidos "caseros":

Estos preparados actúan sobre todo como repelentes, irritantes o rompedores de rutas químicas, y su efecto suele ser temporal.

  • Zumo de limón, aplicado con un pulverizador en caminos de tránsito, accesos o entradas de hormigueros.  Donde su acidez actúa como disuasivo y rompe las señales químicas y por tanto dificulta su comunicación con el resto de la colonia.
  • Preparado de cáscara de naranja.  Un par de cucharaditas de cáscara pulverizada en una botella de un litro de agua, agitada antes de usar.  Puede resultar útil si se aplica en senderos, troncos, macetas o puntos de entrada, actuando como insectífugo ligero.
  • Vinagre diluido (50 % agua – 50 % vinagre).  Uno de los métodos más eficaces como rompedor de rutas.  Se aplica sobre senderos y accesos; pudiéndose usar puntualmente sobre hormigueros superficiales.
  • Agua jabonosa con menta.  Mezcla de agua con jabón neutro y unas gotas de esencia de menta.  Útil en rincones, superficies lisas o zonas donde no interesa persistencia de insectos.  Aunque si tenemos la posibilidad… bastaría con sembrar aromáticas como la menta, sobre todo la menta poleo (Mentha puliegium) en esas zonas para obtener el mismo efecto.

Hormigas obreras en sociedad saliendo para provisionar a su colonia.

MEDIDAS PARA FAVORECER SU PERMANENCIA EN NUESTRO AGROECOSISTEMA:

Pero recordar la idea clave para no perder el norte.  Estos métodos no sustituyen al manejo agroecológico, ni corrigen el problema de fondo.  Cuando las hormigas aparecen de forma masiva, casi siempre hay detrás: exceso de pulgones o cochinillas, falta de diversidad vegetal, desequilibrios previos causados por tratamientos químicos.  Por eso, cualquier intervención debería ir acompañada de: regulación de la plaga asociada, aumento de plantas refugio y floración, mejora del equilibrio general del huerto.  Por tanto, tener hormigas en nuestro agroecosistema lejos de ser una maldición es más que recomendable.  Disponer de plantas útiles en los adelaños, con nectários o estructuras con carúnculas como la citada borraginácea, es más que una buena idea para favorecer su permanencia.

Hormiga ganadera sobre Lactuca serriola protegiendo el rebaño de áfidos e impidiendo su depredación.

Porque insisto... matar hormigas sin corregir la raíz del problema sólo lo agrava. El problema es lo que nos están señalando con su presencia masiva, un desequilibrio en el huerto que no hemos sabido detectar. Entender esto nos permite dejar de verlas como una molestia, y empezar a reconocerlas como lo que son, verdaderas aliadas que con sus mensajes, nos están advirtiendo que algo no estamos haciendo del todo bien.