DESCRIPCIÓN: (Anystis sspp.).
Como ya sabéis, muchos de nuestros auxiliares no son propiamente insectos. Algunos pertenecen a la clase Arachnida, el grupo que engloba a las arañas y también a los ácaros. Sin embargo, en determinadas especies como ocurre con los ácaros del género Anystis, los primeros estadios de desarrollo pueden llevarnos a cierta confusión. En sus fases iniciales presentan sólo seis patas, algo que a primera vista podría hacernos pensar en un insecto. Tras varias mudas consecutivas, alcanzan el estado adulto desarrollando las ocho patas características de los arácnidos, revelando así su verdadera naturaleza.
Detalle del ácaro torbellino adulto (Anystis baccarum) que pese a tener apenas 0,8 – 1,5 mm de longitud, se consideran grande para ser un ácaro.
Sin embargo, en nuestros cultivos también aparecen de forma espontánea otros ácaros depredadores mucho menos conocidos, entre los que destacan los pertenecientes a la familia Anystidae, cuyo género más habitual es Anystis sspp, sobre el que centraré la entrada de hoy.
En esta ocasión, me gustaría hablaros concretamente de los ácaros conocidos popularmente como “ácaros torbellino” (debido a la extraordinaria rapidez con la que se desplazan por la superficie de hojas, tallos, frutos o muros en busca de presas, y con tan solo 0,8 – 1,5 mm de longitud). Aunque no se comercializan para control biológico debido a la dificultad de su cría en cautividad en laboratorio, en ecosistemas agrícolas equilibrados pueden desempeñar un papel importante en la regulación natural de pequeñas poblaciones de artrópodos. Esta velocidad en su desplazamiento, les permite capturar presas activas, característica por otra parte poco habitual entre muchos otros ácaros, que suelen esperar a que la presa pase cerca, con una estrategia algo más conservadora y pasiva.
Su desplazamiento es rápido y errático, es una característica de este género de ácaros, lo que los hace difícil de fotografiar en su medio.
BIOLOGÍA:
A simple vista, los anístidos son relativamente fáciles de reconocer por su comportamiento extremadamente activo. Se tratan de ácaros de color rojizo o anaranjado, con patas largas y gran movilidad.
Su desplazamiento es rápido y errático, cambiando constantemente de dirección, lo que hace que raramente permanezcan quietos durante mucho tiempo, dificultando la captura de alguna foto medio decente. Este comportamiento ha dado lugar a su denominación en inglés como “whirling mites”, que podría traducirse como ácaros torbellino.
Precisamente esta gran movilidad hace que resulten complicados de fotografiar tal como decía, ya que suelen recorrer la superficie de la planta a gran velocidad en busca de presas, deteniéndose sólo unos instantes antes de continuar su recorrido, momento en el que pude aprovechar para tomar algunas fotos en días distintos, hasta que pude recuperar la paciencia necesaria para poder ofreceros alguna foto de calidad. Como curiosidad, cabe señalar que las patas relativamente largas de estos ácaros se insertan muy próximas entre sí en la base del cuerpo, lo que les permite girar con gran rapidez sobre sí mismos mientras se desplazan. Esta particular disposición explica su característico movimiento, con giros rápidos y cambios bruscos de dirección, algo que quienes hayan tenido la oportunidad de observarlos en acción reconocerán fácilmente lo que estoy diciendo.
En ecosistemas poco alterados por tratamientos fitosanitarios es relativamente frecuente observarlos sobre hojas, tallos, frutos o incluso en muros soleados, donde patrullan activamente en busca de pequeños artrópodos.
Los ácaros de la familia Anystidae, cuyo género más representativo es Anystis, presentan un ciclo biológico relativamente simple típico de muchos ácaros depredadores. Donde las hembras depositan los huevos generalmente en el suelo, grietas de la corteza o entre restos vegetales, donde quedan protegidos de la desecación y de posibles depredadores. De estos huevos emerge una larva hexápoda, es decir, con seis patas, que tras varias mudas pasará a los estadios ninfales y posteriormente al adulto, momento en el que adquiere las ocho patas características de los arácnidos. Tras la puesta de huevos, se suceden varias fases de desarrollo hasta alcanzar el estado adulto.
Sus movimientos rápidos sortean sin dificultad la pilosidad de la hoja como si de un eslalon se tratase.
Tanto las ninfas como los adultos presentan comportamiento depredador activo, desplazándose continuamente sobre la vegetación o el suelo en busca de pequeñas presas. A diferencia de otros ácaros con fases parasitarias, los anístidos mantienen hábitos depredadores durante prácticamente todo su desarrollo móvil.
En condiciones favorables, estos ácaros pueden completar varias generaciones a lo largo del año, especialmente en ambientes cálidos y con abundancia de presas. Durante los periodos más desfavorables suelen refugiarse en grietas del suelo, bajo restos vegetales o entre la corteza de los árboles.
Su elevada movilidad y carácter oportunista les permite aprovechar rápidamente la aparición de pequeñas poblaciones de artrópodos, actuando como depredadores generalistas dentro del equilibrio natural del agroecosistema.
ESPECIE CONTROLADA:
Los anístidos son depredadores generalistas, capaces de alimentarse de numerosos pequeños artrópodos presentes en la vegetación. Entre sus presas más habituales se encuentran: Pulgones jóvenes, trips, colémbolos, huevos de mosca blanca, pequeñas larvas de insectos y especialmente otros ácaros fitófagos, principalmente de la familia Tetranychidae.
Los anístidos contribuir a reducir plagas como la del piojo rojo de california, capturando las ninfas recién emergidas.
Sin embargo, aunque los anístidos no son depredadores especializados de diaspinos (cochinillas), también pueden consumir ninfas móviles de estos insectos potencialmente plagas, actuando como depredadores oportunistas dentro del complejo de enemigos naturales. Como podemos apreciar en el pìojo rojo de California Aonidiella aurantii de la foto sobre fruto de naranja, el ácaro torbellino (Anystis) patrulla hojas, frutos o ramas capturando las ninfas recién emergidas, actuando como un agente generalista para el control de este tipo de insectos, antes de que se recubran con su escudete protector.
Gracias a esta dieta variada, estos ácaros pueden mantenerse activos incluso cuando una plaga concreta no es abundante, contribuyendo a equilibrar de forma natural las poblaciones de pequeños artrópodos en el cultivo.
Existen, estudios que indican que los anístidos pueden aprender a localizar zonas con mayor densidad de presas, algo bastante sorprendente para un ácaro. Si la densidad de presas es baja, los individuos abandonan rápidamente el área en busca de nuevas zonas de alimentación:
- Cuthbertson, A.G.S. (2014). Anystis baccarum. An Important Generalist Predatory Mite.
- An Important Generalist Predatory Mite. Insects, Saito et al. (2025). Investigating the potential of Anystis baccarum in biological control. Journal of Insect Science.
- Zhang, Z.Q. (2021). How long do whirligig mites live? Zoosymposia.
Por eso en algunos huertos se observa que las poblaciones del ácaro aumentan durante los brotes de ácaros fitófagos. Su movimiento rápido y aparentemente caótico no es casual: es la estrategia que utiliza este pequeño depredador para aumentar las probabilidades de encontrar presas en el agroecosistema. Los estudios indican que la localización de presas de estos ácaros, dependen sobre todo del contacto y del movimiento aleatorio, más que de señales químicas a distancia.
MEDIDAS PARA FAVORECER SU PERMANENCIA EN NUESTRO AGROECOSISTEMA:
Desde un enfoque agroecológico, favorecer la presencia de estos ácaros depredadores no requiere medidas específicas, sino la adopción de prácticas que aumenten la biodiversidad del agroecosistema. Entre ellas destacan:
- Implantación de cubiertas vegetales.
- Presencia de setos o vegetación espontánea.
- Sistemas de policultivo.
- Incorporación de restos vegetales al suelo.
- Reducción del uso de fitosanitarios de amplio espectro.
En este sentido, es importante aceptar la presencia de pequeños focos de presas, ya que constituyen el alimento necesario para que la fauna auxiliar permanezca activa. De este modo, el agroecosistema dispone de una especie de “vacuna” capaz de reaccionar cuando alguna población de plaga comienza a crecer de forma descontrolada, aumentando la resilencia del agroecosistema.
Algo curioso es que estos ácaros no siempre se encuentran sobre plantas. Es frecuente observarlos desplazándose por: muros soleados, piedras, suelo desnudo o cortezas de árboles. Esto ocurre porque patrullan amplias zonas en busca de presas, no permanecen asociados a una planta concreta, ya que su estrategia de caza tal como decía, se debe a su movimento incansable y prospectivo, más que por la presencia de metabolitos secundarios que pueda detectar de plantas hospedantes o de las propias presas. Por tanto, a diferencia de otros auxiliares más ligados a una planta hospedante concreta, los ácaros del género Anystis presentan un comportamiento muy móvil y exploratorio, patrullando amplias superficies en busca de presas. Por este motivo, su presencia no depende tanto de una especie vegetal concreta como de las condiciones generales del agroecosistema.
En definitiva, más que favorecer su presencia con una planta concreta, las medidas para favorecer la conservación de estos ácaros pasa por mantener un agroecosistema estructuralmente diverso, donde puedan encontrar refugio y una oferta constante de pequeñas presas.
A diferencia de muchos ácaros depredadores que prefieren ambientes húmedos del follaje, los anístidos suelen observarse con frecuencia en zonas cálidas y soleadas, por tanto, contar con zonas abiertas o elementos como muros, piedras o taludes, puede favorecer su establecimiento.
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