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miércoles, 25 de marzo de 2026

FAMILIA FORMICIDAE (2ª Parte)

DESCRIPCIÓN;

A principios de este año compartía en este blog una reflexión sobre las hormigas y su papel en el huerto en una primera parte,  donde invitaba a mirarlas con algo más de calma y curiosidad, alejándonos de la idea simplista de considerarlas únicamente como un problema.  Aquella entrada pretendía precisamente eso: detenernos un momento, observar su comportamiento y entender que, como ocurre con muchos otros organismos del agroecosistema, su presencia responde a relaciones mucho más complejas de lo que a primera vista puede parecer.  La buena acogida que tuvo ese primer artículo, y el interés que despertó entre muchos lectores, ha hecho que desde Andalhuerto me hayan propuesto continuar con el tema y escribir una segunda parte que profundice un poco más en las relaciones de estos fórmidos.

Las hormigas no son polinizadores habituales, aunque existen algunas excepciones interesantes.

Cuando se habla de hormigas, siguen circulando muchas afirmaciones que se repiten casi como verdades incuestionables: que dañan las plantas, que provocan plagas o que eliminarlas es la solución a determinados problemas del cultivo.  Son ideas muy extendidas, pero en la mayoríade los casos, no se corresponden con la realidad.

En esta ocasión me gustaría detenerme precisamente en algunas de esas creencias que solemos escuchar sobre las hormigas, revisándolas y continuando con una mirada agroecológica obejtiva. No se trata de idealizarlas ni de negar que, en determinadas circunstancias, puedan favorecer algunos desequilibrios, sino de intentar comprender mejor su papel dentro del huerto.

Trofobiosis, relación entre la hormiga y el pulgón.

Porque, como suele ocurrir en la naturaleza, la realidad rara vez es tan simple como parece a primera vista. Y las hormigas, lejos de ser únicamente un problema, forman parte de ese complejo entramado de relaciones que sostiene la vida en el agroecosistema, y por consiguiente contribuyen en la mayoría de los casos a encontrar la solución.

BIOLOGÍA:

Algunos de los malentendidos que existen sobre las hormigas en el huerto tienen su origen en ciertos aspectos de su biología y de su comportamiento alimentario.

Muchas especies de hormigas presentan una dieta oportunista y muy variada, basada en pequeños insectos, restos orgánicos, semillas o sustancias azucaradas. Entre estas últimas se encuentra la melaza producida por pulgones y cochinillas, un recurso energético muy apreciado para la colonia y archiconocido por todos. Por este motivo, es relativamente frecuente observar hormigas desplazándose por plantas donde se encuentran estos insectos, que incluso los pastorean, moviéndolos de un lado a otro de la planta.

Hormigas aprovechando el hueco de la madera muerta de la vid, para hacer su hormiguero como buenas oportunistas que son.

Esta relación no implica que las hormigas provoquen la aparición de los pulgones. En la mayoría de los casos, simplemente aprovechan un recurso ya presente en el agroecosistema, como venimos deciendo son meras oportunistas en la mayoría de los casos.

Por otra parte y quizás la más importante, es la actividad excavadora de muchas especies da lugar a redes de galerías en el suelo, especialmente en zonas secas o con sustratos arenosos. Estas estructuras pueden aparecer cerca de raíces o en la base de las plantas, lo que a veces nos puede llevar a pensar que las hormigas se alimentan de ellas. Sin embargo, en la mayoría de los casos su presencia responde únicamente a la construcción del hormiguero o a la búsqueda de alimento, favoreciendo a airear el terreno, a mejorar la estructura del suelo y por consiguiente aumentar su capacidad de retención de agua.

Mirmecogranivoría (consumo de semillas).

Sólo desde el conocimiento de estos aspectos básicos, nos ayudarán a interpretar mejor la presencia de las hormigas en el huerto, y evita atribuir a las hormigas efectos que en realidad tienen otras causas dentro del agroecosistema.  Aportando con su mera presencia una ayuda indirecta al actuar como un  bioindicador, que debemos comprender y valorar en su justa medida.

Hormigas trasladando sus crías (huevos y larvas) en respuesta a cambios ambientales.

Sin embargo, me gustaría hablaros de algo que ya apuntaba en esa primera parte de principios de año, y que me fascina de este superorganismo (como es una colonia de hormigas), me refiero a sus capacidades en la comunicación.  Las hormigas tienen muchas glándulas exocrinas (entre las patas, cabeza o en el extemo posterior del gastro) mediante la cuales, segregan "aromas" al exterior conocidos de sobra por todos como feromonas.  Estas sustancias son la base de un sistema de comunicación complejo y eficaz.  Principlamente las usan para dos cuestiones principales, la localización de la comida y la presencia de un peligro potencial o inminente.  Las obreras recolectoras colocan las feromonas como si de un camino de migas de pan se tratase, para que sea seguido porsteriormente por sus compañeras hasta la fuente de alimentación, y siempre procurando buscar el camino más corto hasta su hormiguero ahorrando el máximo gasto energético. Sus hermanas harán lo propio colocando su feromona hasta que se agote el alimento, dejando en ese momento, de colocar feromona hasta que se evapora y se pierde el rastro, dando a entender a la colonia que ya el alimento está agotado en esa localización.  En el caso de la feromona de peligro, es emitida para informar a los otros miembros de la colonia, que la reciben provocando su excitación y su agresividad, o bien como una orden de evacuación de las pupas y/o huevos de su hormiguero.

ESPECIE CONTROLADA:

Las hormigas no podemos considerarlas como depredadores especializados de una única especie. Su comportamiento alimentario es oportunista y, dependiendo de la especie y de las condiciones del entorno, pueden actuar como depredadoras generalistas de pequeños artrópodos presentes en el huerto.

Entre las presas que ocasionalmente capturan o consumen se encuentran:

  • Huevos y larvas de insectos presentes en el suelo o sobre la vegetación.
  • Pequeñas orugas recién eclosionadas, especialmente cuando se desplazan por el suelo.
  • Larvas de dípteros y otros artrópodos blandos que resultan fáciles de transportar hasta el hormiguero.
  • Insectos debilitados o muertos, contribuyendo a la eliminación de materia orgánica.

Esta actividad depredadora suele pasar desapercibida, pero forma parte de la función de muchas hormigas como consumidoras oportunistas dentro del agroecosistema, que no debemos subestimar.

Al mismo tiempo, algunas especies pueden establecer relaciones de aprovechamiento con insectos productores de melaza, como pulgones o cochinillas de sobra conocidas, de los que las hormigas obtienen alimento azucarado del homóptero, a cambio de la protección del fórmido ante posibles depredadores. Este comportamiento, relativamente conocido, es el que ha contribuido a generar la idea de que las hormigas favorecen determinadas plagas.  A continuación, paso a describir una serie de interrelaciones que las hormigas establecen en su medio:

Interacciones entre horminas, plantas y otros artrópodos:

  • Trofobiosis:  Es la típica relación que ya describíamos en la primera parte y que venimos identificando como de sobra conocida, es decir me refiero a la relación entre la hormiga y el pulgón, donde el fórmido se asocia con el áfido para obtener alimento sin matarlo (melaza), y la hormiga ofrece al pulgón protección ante cualquier posible depredador.  Esta relación es la típica que se establecen entre los fórmidos con los hemípteros: pulgones, cochinillas y otros diaspinos, todos ellos con un denominador común, su característico aparato bucal picador chupador mediante el  que se valen para extraer la savia elaborada de la planta . Así pues, tienen un régimen alimentario muy rico en azúcares y agua.  Estas dos sustancias excretadas se le conoce con el nombre de "mielato" o melaza.  Donde la hormiga llega a golpear el extremo del abdomen del áfido con sus antenas, para estimular la excreción de la melaza, que es absorvida  inmediatamente por ella.  Otra relación de este tipo que se ha estudiado ocurre con las mariposas, sobre todo con la familia Lycaenidae.  La trombiosis con las hormigas y estas mariposas, se basa en la oruga de la mariposa, la cual posee una glándula exocrina que produce una líquio azucarado apreciado por la hormiga.  Donde la hormiga lejos de tratar a la oruga como una presa indefensa y ápoda para que la escapatoria no es una opción, las hormigas la protegen de los depredadores para beneficiarse de este líquido azucarado, incluso la oruga puede elegir emitir sustancias que imitan a las feromonas de las hormigas para que sea reconocida como parte de la colonia e incluso puede generar la feromona de alarma para que las hormigas sean atraídas en caso de necesidad y se ponga en guardía para que la proteja.  Esto no deja de ser una relación mutualista, pero que algunas especies de mariposa de esta familia Lycaenidae han evolucionado hacía estrategias parásitas mucho más refinadas, como es el caso de la Maculinea azul,  que usan a la hormiga (Myrmica sspp) para que la trasporten al hormiguero, donde se alimentará de crías de hormigas sin despertar ninguna sospecha, al emitir una sustancia química que le hace parecer parte de la colonia.
  • Mirmecofilia: Esta relación se basa cuando otro artrópodo obtiene un beneficio de las actividades de las hormigas.  Como arañas, chinches o estafilínidos donde su estrategia es parecerse morfológicamente a las hormigas hasta confundirse con ellas, para obtener alguna ventaja.
  • Mirmecogranivoría (consumo de semillas): Consistente en un comportamiento ecológico presente en determinadas especies de hormigas que consiste en la recolección y consumo de semillas como parte fundamental de su dieta.  Este comportamiento puede ser especialmente interesante, ya que algunas especies contribuyen a la reducción del banco de semillas de malas hierbas, actuando como un mecanismo natural de regulación.
  • Mirmecocoria (dispersión de semillas): Es una interacción en la que ciertas hormigas participan en la dispersión de semillas, transportándolas desde la planta madre hasta otros lugares, generalmente en el suelo o en el interior del hormiguero.  La mirmecocoria representa una interacción más compleja donde las hormigas actúan como aliadas en la dispersión vegetal, mostrando la doble cara de su papel en el agroecosistema.  Puede resultar, a primera vista, contradictorio hablar por un lado de mirmecogranivoría, que puede contribuir a reducir el banco de adventicias... y, por otro, de mirmecocoria, que podría interpretarse como un mecanismo que favorece su persistencia.  Sin embargo, ambos procesos no sólo no son excluyentes, sino que forman parte de la complejidad de las interacciones ecológicas en las que participan las hormigas.  No todas las semillas son consumidas, ni todas las que son transportadas llegan a germinar. En muchos casos, las hormigas seleccionan determinadas semillas para su alimentación, mientras que otras son desplazadas, almacenadas o incluso abandonadas en condiciones que pueden favorecer o dificultar su germinación.  Además, la mirmecocoria no implica necesariamente un aumento del banco de semillas, sino una redistribución espacial de las mismas. Este proceso puede alejar las semillas de la planta madre, situarlas en microhábitats más favorables o, por el contrario, en lugares donde su viabilidad disminuya.  Por tanto, el efecto final sobre el banco de semillas dependerá de múltiples factores: las especies de hormigas presentes, el tipo de semillas, las condiciones del suelo y el propio equilibrio del agroecosistema.  Lejos de ser procesos opuestos, mirmecogranivoría y mirmecocoria son ejemplos de cómo un mismo grupo de organismos puede desempeñar funciones aparentemente contradictorias, pero que, en conjunto, contribuyen a la dinámica y regulación del sistema.
  • Plantas mirmecofilas: Son aquellas especies vegetales que mantienen una relación estrecha y beneficiosa con las hormigas, desarrollando adaptaciones específicas para atraerlas, alimentarlas o incluso alojarlas, a cambio de distintos servicios ecológicos.  En agroecología, pueden contribuir a la regulación biológica natural favoreciendo el equilibrio del sistema.  Muchas de estas plantas, son cultivadas habitualmente por nosotros en agricultura, como por ejemplo: los melocotoneros o nectarinos (Prunos persica) que poseen nectarios extraflorales que atraen a las hormigas que hactuán como defensores de otros insectos fitófagos. El girasol Helianthus annuus que produce néctar fuera de la flor en ciertas especies, así como el propio algodón (Gossypium spp.) donde está muy bien documentado que la presencia de nectarios extraflorales activos las hormigas reducen plagas de rosquillas (orugas de lepidópteros) así como de otras larvas de plagas claves del cultivo teniendo ese mismo efecto:  (Heil, M. 2015. Extranuptial nectar at extrafloral nectaries: an evolutionary perspective), o Bentley, B.L. 1977 Extrafloral nectaries and protection by pugnacious bodyguards.  Igualmente, existen leguminosas cultivadas con las habas (Vicia faba) donde la planta ha coevolucianado con el insecto presentando nectarios en las estípulas para atraer a las hormigas, y para que estas, puedan defender a las plantas de otros insectos fitófagos.  Salvo en el caso de los pulgones, que también van a ser protegidos por ellas al presentar estos a su vez, una coevolución del áfido con el fórmido.  Donde el pulgón, ha sabido copiar la estrategia de las plantas mirmecófilas para aprovechar el servicio de custodia de las hormigas, ante su pobre movilidad.  Exiten otras plantas como es el caso del tomate (Solanum lycopersicum) entre otras plantas cultivadas, que poseen esta interacción indirecta, a través de otros productores de melazas asociados, que son los verdaderos atrayentes de las hormigas no la planta en sí.  En estos casos, la planta no dispone de estructuras específicas para atraerlas, como los nectarios extraflorales, sino que son otros organismos asociados (principalmente insectos productores de melaza como pulgones, mosca blanca o cochinillas) los que actúan como verdadero foco de atracción.  Es decir, la presencia de hormigas en este tipo de cultivos no responde a una interacción planta-hormiga propiamente dicha, sino a una relación indirecta mediada por estos insectos. Las hormigas acuden atraídas por la melaza que producen, integrándose en una red de interacciones ya existente dentro del agroecosistema.  Este matiz es importante, porque puede llevar a interpretaciones erróneas. A simple vista, puede parecer que es la planta la que “atrae” a las hormigas, cuando en realidad está actuando como soporte de una relación trófica más compleja. De hecho, en estos casos, la presencia de hormigas suele ser un indicador de la existencia previa de poblaciones de insectos productores de melaza. 
  • Polinización: La relación entre hormigas y plantas es mucho más limitada y compleja.  De hecho, las hormigas no son polinizadores habituales, aunque existen algunas excepciones interesantes (en fresa, zanahoria o incluso en cítricos) donde las hormigas pueden actuar como “polinizadores accidentales”.  Por tanto, más que considerarlas polinizadores en sentido estricto, resulta más adecuado entender su papel como el de agentes ocasionales dentro de la red de interacciones del agroecosistema, cuya contribución dependerá siempre del contexto y de la disponibilidad de otros polinizadores más eficientes.

Por tanto, como ocurre con muchos otros organismos del huerto, podemos resumir que el papel de las hormigas no es unidireccional, sino que depende de múltiples factores ecológicos y de las especies implicadas.  Luego conocer las interrelaciones entre hormigas-suelo-planta, es fundamental para aplicar la estrategía adecuada.

Hormiga alada (alúa) en fase reproductiva.


MEDIDAS PARA FAVORECER SU PERMANENCIA EN NUESTRO AGROECOSISTEMA:

Las hormigas forman parte habitual de muchos agroecosistemas y su presencia suele estar ligada a suelos relativamente poco perturbados y con cierta diversidad biológica. Más que introducirlas o favorecerlas de forma artificial, lo más razonable es crear condiciones que permitan su presencia natural dentro del equilibrio del huerto.

Relación de Trofobiosis.

Algunas prácticas que contribuyen a ello son:

  • Evitar el uso de insecticidas de amplio espectro, que eliminan indiscriminadamente muchos organismos del suelo y reducen la biodiversidad del agroecosistema.
  • Mantener cobertura vegetal o acolchados orgánicos, que proporcionan refugio y favorecen la actividad de numerosos invertebrados.
  • Reducir las labores intensivas del suelo, ya que el volteo frecuente destruye galerías y nidos.
  • Favorecer la diversidad de hábitats, mediante setos, bordes florales o zonas menos intervenidas del huerto.
  • Mantener cierto grado de complejidad ecológica, permitiendo que diferentes organismos interactúen entre sí.

Como ocurre con muchos otros habitantes del huerto, las hormigas no deben entenderse como un elemento aislado, sino como un aliado que forma parte de un entramado de relaciones ecológicas mucho más amplio y complejo. Su presencia, por tanto, debe interpretarse en la mayoría de los casos como una consecuencia y no como la causa del problema.

Lejos de ser un indicador negativo por sí mismas, las hormigas suelen advertirnos de que el agroecosistema mantiene un cierto grado de actividad biológica. Sin embargo, cuando observamos un aumento inusual de su presencia, conviene detenerse y analizar la situación con mayor detalle, ya que pueden estar señalando la existencia de un desequilibrio previo (como la proliferación de pulgones u otros insectos productores de melaza) que es el verdadera etiología del problema.

Comprender este papel resulta clave, ya que no se trata de actuar directamente sobre las hormigas, sino de identificar correctamente la causa de su presencia y abordarla desde su origen, favoreciendo así un manejo más eficaz y coherente con el equilibrio del agrocosistema.

Insistir en lo que decía anteriormente, que más allá de las interrelaciones descritas dependientes del contexto, existe un efecto asociado a la presencia de las hormigas que resulta mucho más intrínseco y con carácter irrefutable, ya que corresponde a una acción física y directa con claro impacto en la fertilidad y resiliencia sobre el suelo.  La actividad excavadora de las colonias genera una red de galerías que contribuye a airear el terreno, mejorar su estructura y favorecer la infiltración y distribución del agua, a la vez que lucha contra la erosión.  Este proceso, a menudo poco visible, tiene implicaciones directas sobre la funcionalidad del suelo y, por extensión, sobre el propio cultivo.  A diferencia de otras interacciones más variables, este efecto físico se produce de forma continuada allí donde las hormigas están presentes, contribuyendo a la mejora de las condiciones edáficas y, en última instancia, a la resiliencia del agroecosistema.  Como pasa con otras muchas cosas en la vida... hay funciones que no se ven, pero sostienen todo lo demás, y desgraciadamente sólo cuando las perdemos es cuando valoramos su importancia y nos lamentamos de su pérdida.

Licencia Creative Commons Este obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 3.0 Unported.

lunes, 9 de marzo de 2026

FAMILIA ANYSTIDAE

 DESCRIPCIÓN: (Anystis sspp.).

Como ya sabéis, muchos de nuestros auxiliares no son propiamente insectos. Algunos entre otros, pertenecen a la clase Arachnida, el grupo que engloba a las arañas y también a los ácaros. Sin embargo, en determinadas especies como ocurre con los ácaros del género Anystis, los primeros estadios de desarrollo pueden llevarnos a cierta confusión. En sus fases iniciales presentan sólo seis patas, algo que a primera vista podría hacernos pensar en un insecto. Tras varias mudas consecutivas, alcanzan el estado adulto desarrollando las ocho patas características de los arácnidos, revelando así su verdadera naturaleza.


Detalle del anístido adulto (Anystis baccarum) que pese a tener apenas 0,8 – 1,5 mm de longitud, se consideran grande para ser un ácaro.

Entre la gran diversidad de ácaros existentes, encontramos especies fitófagas responsables de importantes plagas agrícolas como la temida araña roja, pero también contamos con su némesis dentro de este grupo, ácaros depredadores que actúan como aliados naturales en la regulación biológica. Entre los más conocidos, seguro que os suenan los pertenecientes a la familia Phytoseiidae, como Phytoseiulus persimilis, Amblyseius californicus o Amblyseius swirskii, ampliamente utilizados en programas de lucha biológica contra ácaros plaga como la citada araña roja (Tetranychus spp.).

Sin embargo, en nuestros cultivos también aparecen de forma espontánea otros ácaros depredadores mucho menos conocidos, entre los que destacan los pertenecientes a la familia Anystidae, cuyo género más habitual es Anystis sspp, sobre el que centraré la entrada de hoy.

En esta ocasión, me gustaría hablaros concretamente de los ácaros conocidos popularmente como “ácaros torbellino” (debido a la extraordinaria rapidez con la que se desplazan por la superficie de hojas, tallos, frutos o muros en busca de presas, y con tan solo 0,8 – 1,5 mm de longitud).  Aunque no se comercializan para control biológico debido a la dificultad de su cría en cautividad dentro del laboratorio, en ecosistemas agrícolas equilibrados pueden desempeñar un papel importante en la regulación natural de pequeñas poblaciones de artrópodos.  Esta velocidad en su desplazamiento, les permite capturar presas de forma activa, característica por otra parte poco habitual entre muchos otros ácaros, que suelen esperar a que la presa pase cerca para lanzar su ataque, con una estrategia algo más conservadora y pasiva que nuestro protagonista de hoy.

Su desplazamiento es rápido y errático, es una característica de este género de ácaros, lo que los hace difícil de fotografiar en su medio.


BIOLOGÍA:

A simple vista, los anístidos son relativamente fáciles de reconocer por su comportamiento extremadamente activo. Se tratan de ácaros de color rojizo o anaranjado, con patas largas y gran movilidad.

Su desplazamiento es rápido y errático, cambiando constantemente de dirección, lo que hace que raramente permanezcan quietos durante mucho tiempo, dificultandome la captura de alguna foto medio decente para el blog. Este comportamiento ha dado lugar a su denominación en inglés como whirling mites, que podría traducirse como ácaros torbellino.

Precisamente esta gran movilidad hace que resulten complicados de fotografiar tal como decía, ya que suelen recorrer la superficie de la planta o fruto a gran velocidad en busca de presas, deteniéndose sólo unos instantes antes de continuar su recorrido, momento en el que pude aprovechar para tomar algunas fotos en días distintos, hasta que pude recuperar la paciencia necesaria para poder ofreceros alguna foto de calidad.  

Como curiosidad, cabe señalar que las patas relativamente largas de estos ácaros se insertan muy próximas entre sí en la base del cuerpo, lo que les permite girar con gran rapidez sobre sí mismos mientras se desplazan. Esta particular disposición de sus patas, explica en parte su característico movimiento con giros rápidos y cambios bruscos de dirección, algo que quienes hayan tenido la oportunidad de observarlos en acción, coincidirán conmigo en que la velocidad de sus movimientos, hacen muy difícil el enfoque de la cámara para captar una foto con suficiente nitidez, a la altura de este vuestro blog.

En ecosistemas poco alterados por tratamientos fitosanitarios es relativamente frecuente observarlos sobre hojas, tallos, frutos o incluso en muros soleados, donde patrullan activamente en busca de pequeños artrópodos entre los líquenes.

Los ácaros de la familia Anystidae, cuyo género más representativo es Anystis, presentan un ciclo biológico relativamente simple, típico de muchos ácaros depredadores. Donde las hembras depositan los huevos generalmente en el suelo, grietas de la corteza o entre restos vegetales, donde quedan protegidos de la desecación y de posibles depredadores. De estos huevos emergerá una larva hexápoda, es decir, con seis patas, que tras varias mudas pasará a los estadios ninfales y posteriormente al estado adulto, momento en el que adquiere las ocho patas características de los arácnidos. 

                              Sus movimientos rápidos sortean sin dificultad la pilosidad de la hoja como si de un eslalon se tratase.

Tanto las ninfas como los adultos presentan comportamiento depredador activo, desplazándose continuamente sobre la vegetación o el suelo en busca de pequeñas presas.  A diferencia de otros ácaros con fases parasitarias, los anístidos mantienen hábitos depredadores durante prácticamente todo su desarrollo móvil. En condiciones favorables, estos ácaros pueden completar varias generaciones a lo largo del año, especialmente en ambientes cálidos y con abundancia de presas.  Durante los periodos más desfavorables suelen refugiarse en grietas del suelo, bajo restos vegetales o entre la corteza de los árboles.

Su elevada movilidad y carácter oportunista les permite aprovechar rápidamente la aparición de pequeñas poblaciones de artrópodos, actuando como depredadores generalistas dentro del equilibrio natural del agroecosistema.


ESPECIE CONTROLADA:

Los anístidos son depredadores generalistas como decía, capaces de alimentarse de numerosos pequeños artrópodos presentes en la vegetación. Entre sus presas más habituales se encuentran: Pulgones jóvenes, trips, colémbolos, huevos de mosca blanca, pequeñas larvas de insectos y especialmente otros ácaros fitófagos, principalmente de la familia Tetranychidae.  

Sin embargo, aunque los anístidos no son depredadores especializados de diaspinos (cochinillas), también pueden consumir ninfas móviles de estos insectos potencialmente plagas, actuando como depredadores oportunistas dentro del complejo de enemigos naturales.  Como podemos apreciar en la foto del cítrico, sobre la piel de la naranja encontramos pìojo rojo de California Aonidiella aurantii, así como de nuestro ácaro torbellino (Anystis baccarum) que se encuentra patrullando el fruto y capturando las ninfas recién emergidas, antes de que estas se recubran con su escudete protector que las hará casi  inexpugnables.  Actuando nuestro protagonista por tanto, como un agente generalista para la regulación de este tipo de diaspino, considerado por muchos como una de las principales plagas en producción ecológica, por la depreciación que provoca sobre el valor del fruto, en su fase de industrialización y/o comercialización.

            Los anístidos contribuir a reducir plagas como la del piojo rojo de california, capturando las ninfas recién emergidas.


Los ácaro del género Anystis sspp, puede suponer un fiel aliado ante diaspinos.

Gracias a la dieta variada que poseen estos ácaros, se pueden mantener activos incluso cuando una plaga concreta no es abundante, contribuyendo a equilibrar de forma natural las poblaciones de pequeños artrópodos en el cultivo, sin estar condicionados a una dieta altamente especializada.

Existen, estudios que indican que los anístidos pueden aprender a localizar zonas con mayor densidad de presas, algo bastante sorprendente para un ácaro.  Si la densidad de presas es baja, los individuos abandonan rápidamente el área en busca de nuevas zonas de alimentación: 

  • Cuthbertson, A.G.S. (2014). Anystis baccarum. An Important Generalist Predatory Mite.
  • An Important Generalist Predatory Mite. Insects, Saito et al. (2025). Investigating the potential of Anystis baccarum in biological control. Journal of Insect Science.
  • Zhang, Z.Q. (2021). How long do whirligig mites live? Zoosymposia.

Por eso en algunos huertos o agroecosistemas, se observan que las poblaciones de nuestro ácaro aumentan durante los brotes de ácaros fitófagos.  Su movimiento rápido y aparentemente caótico no es casual: es la estrategia que utiliza este pequeño depredador para aumentar las probabilidades de encontrar presas en el agroecosistema.  Los estudios indican que la localización de presas de estos ácaros, dependen sobre todo del contacto y del movimiento aleatorio, más que de señales químicas a distancia que puedan detectar.


MEDIDAS PARA FAVORECER SU PERMANENCIA EN NUESTRO AGROECOSISTEMA:

Desde un enfoque agroecológico, favorecer la presencia de estos ácaros depredadores no requiere medidas específicas, sino la adopción de prácticas que aumenten la biodiversidad del agroecosistema.  Entre ellas destacan:

  • Implantación de cubiertas vegetales.
  • Presencia de setos o vegetación espontánea.
  • Sistemas de policultivo.
  • Incorporación de restos vegetales al suelo.
  • Reducción del uso de fitosanitarios.

Los ácaro del género Anystis sspp así como la mayoría de los ácaros depredadores, son muy sensibles a tratamientos fitosanitarios.

Estas prácticas favorecen la presencia de pequeñas presas y refugios naturales, permitiendo que los anístidos se establezcan de forma estable en el cultivo.

En este sentido, es importante aceptar la presencia de pequeños focos de presas, ya que constituyen el alimento necesario para que la fauna auxiliar permanezca activa. De este modo, el agroecosistema dispone de una especie de “vacuna” capaz de reaccionar cuando alguna población de plaga comienza a crecer de forma descontrolada, aumentando la resilencia del agroecosistema.


Encontrar estos ácaros, es una señal de salud del agroecosistema comportándose como verdaderos bioindicadores.

Algo curioso es que estos ácaros no siempre se encuentran sobre plantas. Es frecuente observarlos desplazándose por: muros soleados, piedras, suelo desnudo o cortezas de árboles.  Esto ocurre porque patrullan amplias zonas en busca de presas, no permanecen asociados a una planta concreta, ya que su estrategia de caza tal como decía se debe a su movimento incansable y prospectivo, más que por la presencia de metabolitos secundarios que pueda detectar de plantas hospedantes o feromonas emitidas por las propias presas.  Por tanto, a diferencia de otros auxiliares más ligados a una planta hospedante concreta, los ácaros del género Anystis presentan un comportamiento muy móvil y exploratorio, patrullando amplias superficies en busca de presas, de forma primitiva pero efectiva. Por este motivo, su presencia no depende tanto de una especie vegetal concreta como de las condiciones generales del agroecosistema.


Deambulan por amplias zonas en busca de presas, no permanecen asociados a una planta concreta

En definitiva, más que favorecer su presencia con una o varias plantas concretas, las medidas para favorecer la conservación de estos ácaros pasan por mantener un agroecosistema estructuralmente diverso, donde puedan encontrar refugio y una oferta constante de pequeñas presas.  

A diferencia de muchos ácaros depredadores que prefieren ambientes húmedos del follaje, los anístidos suelen observarse con frecuencia en zonas cálidas y soleadas, por tanto, contar con zonas abiertas o elementos como muros, piedras o taludes donde no intervengamos constantemente, puede favorecer su establecimiento y permanencia.

Licencia Creative Commons Este obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 3.0 Unported.

domingo, 1 de febrero de 2026

FAMILIA CARABIDAE

 DESCRIPCIÓN

En los agroecosistemas bien conservados, bajo piedras, terrones de suelo o entre los restos de hojarasca, habita un grupo de escarabajos discretos pero extraordinariamente eficaces en la depredación. Se trata de una familia muy numerosa de coleópteros que desempeña una labor silenciosa y fundamental en el equilibrio del agroecosistema. A ellos, conocidos como carábidos, dedicaré esta entrada.

Detalle de las mandíbulas del carábido (Patrubus atrorufus), con forma de auténticas cizallas.

Miembros de la Familia Carabidae, representan un conjunto de escarabajos terrestres muy diverso dentro del orden Coleoptera y uno de los grupos más interesantes desde el punto de vista morfológico, ecológico y evolutivo. Más allá de su diversidad de formas, tamaños y colores, estos insectos desempeñan un papel clave en numerosos agroecosistemas gracias a su marcado carácter depredador y a su estrecha relación con el suelo, razones más que suficientes para que engrosen nuestra particular lista de fauna auxiliar.

Como es bien conocido, el orden Coleoptera constituye el grupo de animales más diverso del planeta. Con cerca de 400.000 especies descritas, los escarabajos por sí solos representan aproximadamente el 25 % de la biodiversidad mundial conocida. Dentro de este inmenso grupo, los carábidos conforman una familia con alrededor de 40.000 especies descritas a nivel global, lo que los sitúa entre las familias más diversas de los coleópteros y, por extensión, entre las más diversas del reino animal.

Sus potentes mandíbulas y ojos prominentes les confiera una ventaja evidente en la depredación nocturna.

Gracias a su extraordinario éxito evolutivo, han colonizado prácticamente todos los ambientes terrestres conocidos, desde zonas agrícolas y forestales hasta ecosistemas de alta montaña. Están presentes en todos los continentes, con la única excepción de la Antártida, como ya comentábamos en la entrada dedicada a las hormigas, donde el continente helado no es un sitio acogedor para nadie, y menos para los insectos por una combinación de limitaciones ambientales extremas que chocan directamente con su biología como: temperaturas letales, ambiente extremadamente seco, falta de vegetación y alimento, fotoperiodos extremos, así como por su pequeño tamaño.  Aunque, como casi siempre en biología..., existe alguna excepción que confirma la norma, como es el caso de la especie Belgica antarctica, un pequeño quironómido áptero que vive en zonas costeras muy concretas del continente antártico peteneciente a la familia Chironomidae, nada que ver con nuestro protagonista de hoy.

 

Carábido descubierto a pleno día, al remover una piedra donde se encontraba descansando.

El origen de los coleópteros se remonta a mediados del Carbonífero, hace más de 300 millones de años, en un contexto evolutivo muy anterior a la consolidación de los ecosistemas terrestres tal y como hoy los conocemos. Esta dilatada historia evolutiva explica, en parte, la enorme plasticidad ecológica de los carábidos y su capacidad para adaptarse a condiciones ambientales muy diversas. Conviene recordar el extraordinario recorrido evolutivo de los insectos, ya presentes en la Tierra decenas de millones de años antes de la aparición de los primeros vertebrados terrestres, lo que los convierte en auténticos pioneros de la colonización del medio terrestre.

Carábido buscando con avidez un nuevo escondite tras ser descubierto.

A pesar de su adaptación y de su variedad cromática y morfológica, reconocer a un carábido resulta relativamente sencillo si observamos algunos rasgos comunes: la cabeza es siempre más estrecha que el pronoto, los ojos suelen ser prominentes (adaptados a su actividad crepuscular y nocturna) y las antenas se insertan entre los ojos y las mandíbulas. Estas últimas, fuertes y en forma de auténticas cizallas, delatan su carácter netamente depredador, junto con la rapidez de movimiento fruto de una dieta rica en nitrógeno. 

Antenas filiformes de carábido, dotadas de sensilas 
fundamentales para la percepción química y táctil durante la actividad depredadora


BIOLOGÍA

Los carábidos son excelentes bioindicadores del estado del suelo y del funcionamiento de los agroecosistemas. Muchas de sus especies desarrollan todo su ciclo vital en estrecha relación con el suelo, participando indirectamente en procesos como la fragmentación de la materia orgánica, la aireación del sustrato y la mejora de la infiltración del agua.

Detalle del pronoto ensanchado sobre la base de la cabeza en un carábido, rasgo morfológico característico del grupo,

Desde el punto de vista de la regulación biológica, su papel es especialmente relevante. Tanto las larvas como los adultos son depredadores activos de numerosos invertebrados a nivel de suelo, lo que los convierte en aliados naturales en la regulación de poblaciones que se comportan potencialmente como plagas. Son frecuentes sus capturas de larvas de dípteros que pupan en el suelo, lo que los sitúa como enemigos naturales de interés frente a plagas, como la dichosa mosca del olivo (Bractocera oleae), cuyas larvas pupan directamente sobre el suelo al arrojarse desde el fruto, encapsulándose como estrateguia de protección, pero que nada tienen que hacer frente a la depredación de nuestros protagonistas de hoy.

Sus largas antenas se insertan entres sus ojos y las mandíbulas.

Además, los carábidos muestran una elevada sensibilidad a las alteraciones de su entorno, especialmente a la simplificación del hábitat y al uso de productos fitosanitarios. Por este motivo, son uno de los grupos de coleópteros más utilizados en estudios de evaluación de la calidad ambiental, impactos del cambio climático y análisis de biodiversidad funcional en sistemas agrícolas.

Élitros fuertemente endurecidos de carábido, que protegen el abdomen y las alas posteriores durante su vida terrestre.


ESPECIES CONTROLADAS

La mayoría de los carábidos presentan hábitos nocturnos. Durante el día permanecen ocultos bajo la hojarasca, entre terrones de suelo, bajo piedras o troncos, saliendo al anochecer para cazar activamente.

Se trata de depredadores generalistas, capaces de alimentarse de una amplia gama de presas: huevos y larvas de insectos, pequeños artrópodos, babosas, caracoles e incluso, en algunos casos, pequeños vertebrados. Esta dieta amplia y flexible les permite adaptarse con facilidad a los recursos disponibles en cada agroecosistema y ejercer una regulación biológica constante y sostenida en el tiempo.

Detalle de los palpos maxilares y labiales bien desarrollados, 
estructuras sensoriales clave en la detección y manipulación de las presas


MEDIDAS PARA FAVORECER SU PERMANENCIA EN NUESTRO AGROECOSISTEMA

Favorecer la presencia de carábidos en nuestro agroecosistema pasa, en primer lugar, por respetar el suelo como un ecosistema vivo. Mantener zonas sin laboreo, reducir la intensidad de los trabajos mecánicos y conservar una cobertura mínima de restos vegetales o rocas, proporcionan refugio y estabilidad a sus poblaciones, al menos en una zona concreta de la parcela.

La presencia de pequeños elementos estructurales, como acumulaciones de piedras, lindes, márgenes no cultivados o restos de madera, resulta especialmente beneficiosa. Estos microhábitats ofrecen refugio diurno, lugares de reproducción y protección frente a las condiciones climáticas extremas.  En definitiva, pequeñas decisiones de manejo pueden marcar una gran diferencia, permitiendo que los carábidos no sólo visiten nuestros agroecosistemas, sino que completen en ellos todo su ciclo vital y ejerzan plenamente su función como aliados silenciosos en la regulación biológica.

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jueves, 1 de enero de 2026

FAMILIA FORMICIDAE (1ª Parte)

 DESCRIPCIÓN:

Ante todo, feliz año 2026. Ojalá sea un año lleno de oportunidades, en el que se cumplan muchas de nuestras expectativas y, sobre todo, en el que tengamos la ilusión y la constancia necesarias para transformar en realidad esos buenos propósitos que tantas veces dejamos para luego.

Para inaugurar la primera entrada de este año, me gustaría detenerme en una gran familia de insectos que suele despertar más recelos que simpatías: me refiero a las hormigas. Su presencia en el huerto y en el agroecosistema genera con frecuencia dudas, preguntas y opiniones encontradas. En estas líneas quiero compartir mi visión sobre ellas, alejándolas del tópico de considerarlas como insecto problemático, y acercándolas a lo que considero su verdadero papel agroecológico.

Hormiga ganadera del género Camponotus sspp pastoreando a pulgones.

Se trata de un grupo de insectos omnipresente en el huerto y que es frecuentemente vilipendiado, por lo que os propongo alejarnos de visiones simplistas antes de sacar conclusiones precipitadas.  La propuesta que os planteo desde el presente "post" es clara: detenerse, observarlas con calma y tratar de comprender su comportamiento y su papel (a veces beneficioso, otras veces más complejo de entender) dentro del equilibrio del agroecosistema.

Basta con pararse unos minutos junto a un camino, un bancal o el borde de una linde para descubrir una actividad incesante que suele pasar inadvertida. Bajo nuestros pies, miles de individuos cooperan, se comunican y transforman el entorno con una eficacia asombrosa, de la que tendríamos que aprender mucho como sociedad y como indivíduos.

Hormiga soldado (Messor sspp) donde se observa el especial desarrollo de su cabeza y mandíbulas.

BIOLOGÍA:

Las hormigas no sólo son ingenieras del suelo y trabajadoras incansables, sino piezas fundamentales del equilibrio ecológico. Su comportamiento social, su relación con las plantas, con otros insectos y con la fertilidad del suelo, así como su enorme capacidad de adaptación, las convierten en protagonistas silenciosas de nuestros huertos y en grandes oportunistas.

Con frecuencia, culpabilizamos a las hormigas de daños en nuestros cultivos y buscamos métodos rápidos para su eliminación, cuando no vemos en realidad que nos están advirtiendo con su mera presencia de un posible daño que puede estar ocasionado por una plaga real como: pulgones, cochinillas u otros diaspinos.  

Poniendo el foco en el daño que produce la hormiga como consecuencia, y no en la etiología del problema provocado por otro agente como origen, estamos incriminando a una inocente que nos advierte de un problema que desoímos sistemáticamente.  

Hormiga alimentándose de la melaza de aphidos sobre hoja de cítricos.

Tened presente como ejemplo, la relación simbiótica entre la hormiga y el pulgón de sobra conocida por todos (trofobiosis): donde el áfido recibe protección (mirmecofilia) y la hormiga se ve atraída por el sabor dulce de la melaza que excreta el pulgón por sus sifones.  En definitiva, la pregunta correcta que deberíamos hacernos sería… ¿por qué está incidiendo el pulgón en nuestro cultivo atrayendo a las hormigas como buenas oportunistas que son?.

Hormiguero sobre madera de vid, madera muerta que han aprovechado.  No son la causa sino un síntoma, son oportunistas.

En este punto, conviene recordar que el uso de insecticidas contra hormigas suele provocar justo el efecto contrario al deseado es decir, una reproducción descontrolada y la ruptura de equilibrios aún mayores que pueden afectar a otra fauna auxiliar.  Téngase presente que la hormiga una vez se ve amenazada, envía mensajes químicos (feromonas) a su reina para que acelere el ritmo de puesta de huevos, aumentando consecuentemente su población de forma exponencial. Por eso en este "post", no hablaremos de venenos, ni de “repelentes milagro”, sino de ecología, observación y equilibrio.

Traslado de huevos y larvas por las obreras ante la inundación inmiente de su hormiguero, que son capaces de predecir.

Las hormigas son un grupo clave del ecosistema, pertenecen a una única familia, Formicidae, que están presentes en todos los continentes excepto en la Antártida. Se conocen sobre unas 14.000 especies, y se estima que en el planeta existen alrededor de mil billones de hormigas, aproximadamente 120.000 por cada ser humano.  Aunque pudiesen parecer pocas especies, si se compara con el millón de especies de insectos que se conocen actualmente, su biomasa total es mucho más grande en el caso de las hormigas que en la mayoría de los otros grupos de artrópodos.

Estos pequeños insectos desempeñan funciones ecosistémicas muy diversas. Participando en la dispersión de semillas; algunas plantas desarrollan estructuras ricas en grasas y proteínas recubriendo sus semillas a modo de carúnculas (eleosomas) para atraerlas como ocurre por ejemplo en Borago officinalis L, y en otras, las hormigas pueden intervenir de forma secundaria en la polinización de nuestro huerto: como en cebollas, ajos o zanahorias, principalmente en plantas con flores de gran superficie.  Estas interrelaciones entre plantas y hormigas son extraordinarias, donde el consumo y dispersión de las semillas por parte de las plantas y el mutualismo llamado "de protección" de la hormiga, son claros exponentes de una coevolución entre organismos totalmente diferentes que optaron por colaborar hace millones de años.  Donde la hormiga protege a la planta de cualquier plaga a cambio de sustancias nutritivas producidas por estrucuturas específicas creadas por el vegetal, a modo de nectarios florales, como en otros ejemplos: en las pasionarias (Passiflora spp.) o las propias acacias.

Organización y comunicación: una sociedad compleja.

Si algo me llama especialmente la atención de los fórmidos es su organización social. La mayoría de sus individuos, son obreras que renuncian a reproducirse para sostener a la colonia, a la reina y a su descendencia.  Pero aún me resulta más fascinante, su sistema de comunicación. Donde predomina la señal química (feromona), pero emplean también otros métodos como: la visión (movimientos corporales), el tacto (antenas) y el sonido, pudiendo generar vibraciones mediante golpes sobre el sustrato o por estridulación, como si de un grillo se tratase. Esta diversidad de canales de comunicación permite también una mayor división del trabajo: existiendo hormigas agricultoras, ganaderas, tejedoras e incluso “enfermeras”, existiendo un reconocimiento colonial que en la mayoría de las especies es cerrada, es decir, las hormigas que pertenecen a la misma colonia cooperan entre ellas pero agreden a todo extraño ajeno a su hormiguero.

Hormigueros de Messor barbarus después de llover, nidos interconectados que airean el suelo.


ESPECIE CONTROLADA:

Resulta especialmente interesante su papel como reguladoras de plagas, ya que muchas especies de hormigas se comportan como depredadoras generalistas, consumiendo huevos y larvas de lepidópteros potencialmente dañinos por su carácter fitófago, a la vez que ellas mismas forman parte de la dieta de una amplia variedad de fauna auxiliar: arácnidos, anfibios, reptiles, lagartijas y aves.  Lo que la hace ser una especie clave en la cadena trófica de un agroecosistema.

Se ha observado que, en ecosistemas cerrados, la ausencia de hormigas puede incrementar las plagas hasta en un 40 % (Calabuig, A., García-Marí, P., & Pekas, A. 2014). Su aportación positiva al agroecosistema está, por tanto, fuera de toda duda. Son auténticas ingenieras del suelo: construyen nidos, airean el terreno aumentando su porosidad, concentran nutrientes y materia orgánica en los alrededores de los hormigueros y contribuyen en las primeras fases de descomposición y por tanto al reciclaje de la materia orgánica.

Hormiga decapitando a una abeja muerta ejerciendo labores de primer descomponedor de la materia orgánica.

Cuando las hormigas “incomodan”.

Es en este punto donde conviene detenerse de nuevo. Cuando observamos muchas hormigas sobre nuestros cultivos y sentimos que “nos molestan”, en realidad nos están dando una información muy valiosa. Las hormigas actúan como verdaderos bioindicadores.

Un suelo con hormigas activas suele ser un suelo vivo, estructurado y resiliente, algo clave en agricultura ecológica, siendo incluso más eficaces que las lombrices en cuanto al volumen de aireación de un suelo. Al mismo tiempo, una abundancia excesiva suele indicar desequilibrios: presencia en exceso de pulgones o cochinillas, falta de diversidad vegetal (monocultivos) o un uso previo de insecticidas que ha eliminado a otros auxiliares que provocan su oportunismo.  En esos casos, las hormigas no son la causa sino el síntoma.

Daños ocasionados por los pulgones en hoja de cítricos, la hormiga haciendo guardía de su rebaño que defenderá a toda costa.

Tras todo lo anterior, y aunque las hormigas cumplen funciones ecológicas esenciales, pueden existir situaciones concretas en las que su abundancia puede generar problemas prácticos en el huerto: protección excesiva de pulgones y en consecuencia, dificultando la acción de la fauna auxiliar, entrada en semilleros, cultivos tiernos en sus primeros estadios que son mordisqueados, etc.  Mientras se identifica y corrige la causa real del desequilibrio, puede ser necesario reducir o redirigir su actividad de forma puntual, proponiendo hacerlo no desde la eliminación, sino desde la disuasión.  La estrategia no es acabar con las hormigas, sino romper rutas, disminuir presión y ganar tiempo.

Hormiga exploradora actuando como polinizadores indirectos de alguans especies vegetales.

Aunque no me gusta dar recetas cerradas a profesionales (porque cada agroecosistema es un sistema vivo y distinto y no admite soluciones universales), me consta que esta es una demanda bastante habitual entre el profesorado de los huertos escolares. Esta inquietud la he comprobado en primera persona a lo largo del curso del programa ALDEA: "La Aventura de Nuestro Ecohuerto", que he tenido la oportunidad de impartir a profesionales de primaria y secundaria de diferentes centros educativos, donde muchos docentes solicitan herramientas sencillas que puedan trabajarse en el aula con un claro componente educativo.

En ese contexto, la elaboración de remedios "caseros" no se plantea tanto como una solución técnica definitiva, sino como un recurso pedagógico que permite observar, experimentar y reflexionar con el alumnado sobre el funcionamiento del agroecosistema. Es por ello (y sin que sirva de precedente) que expongo a continuación algunos ejemplos de prácticas que pueden ayudar a redirigir o reducir puntualmente la actividad de las hormigas, siempre desde un enfoque respetuoso con el ecosistema.

Estos métodos actúan principalmente por interferencia del tránsito, desecación o alteración del microambiente del hormiguero, y deben aplicarse siempre de forma localizada y temporal, nunca de manera masiva. El objetivo no es eliminar a las hormigas, sino ganar tiempo mientras se identifican y corrigen las causas reales del desequilibrio que ha motivado su proliferación.

Remedios sólidos "caseros":

  • Arroz troceado con azúcar.  Sirviendo de cebo atractivo por su contenido dulce, donde las hormigas lo transportan al interior del hormiguero.  Si se humedece ligeramente tras su aplicación, puede fermentar y alterar el equilibrio interno de la colonia.  Nota: su eficacia es variable y nunca debe considerarse una solución estructural.
  • Levadura de panadería.  Aplicada en seco, por espolvoreo, en puntos de paso. Interfiere rutas más que actuar como insecticida directo.
  • Talco, yeso, bicarbonato o cenizas.  Funcionan como barreras físicas y desecantes. Obligan a modificar recorridos, especialmente útiles en zonas de paso o mesas de cultivo.  Lo prefiero a las tierras de diatomeas, algo más agresivas y que no sólo afectarían a las hormigas.
  • Cebos. El uso de atrayentes para concentrar poblaciones, el más utilizado es sin duda, el atún y las sardinas en aceite, ya que atraen rápidamente a las hormigas gracias a los lípidos y a la proteínas que contienen. Sin embargo, es la mantequilla de cacahuete compuesta por lípidos, glúcidos y proteínas, la que representa el cebo más atractivo, aunque también atraerá a otro tipo de insectos.

Remedios líquidos "caseros":

Estos preparados actúan sobre todo como repelentes, irritantes o rompedores de rutas químicas, y su efecto suele ser temporal.

  • Zumo de limón, aplicado con un pulverizador en caminos de tránsito, accesos o entradas de hormigueros.  Donde su acidez actúa como disuasivo y rompe las señales químicas y por tanto dificulta su comunicación con el resto de la colonia.
  • Preparado de cáscara de naranja.  Un par de cucharaditas de cáscara pulverizada en una botella de un litro de agua, agitada antes de usar.  Puede resultar útil si se aplica en senderos, troncos, macetas o puntos de entrada, actuando como insectífugo ligero.
  • Vinagre diluido (50 % agua – 50 % vinagre).  Uno de los métodos más eficaces como rompedor de rutas.  Se aplica sobre senderos y accesos; pudiéndose usar puntualmente sobre hormigueros superficiales.
  • Agua jabonosa con menta.  Mezcla de agua con jabón neutro y unas gotas de esencia de menta.  Útil en rincones, superficies lisas o zonas donde no interesa persistencia de insectos.  Aunque si tenemos la posibilidad… bastaría con sembrar aromáticas como la menta, sobre todo la menta poleo (Mentha puliegium) en esas zonas para obtener el mismo efecto.

Hormigas obreras en sociedad saliendo para provisionar a su colonia.

MEDIDAS PARA FAVORECER SU PERMANENCIA EN NUESTRO AGROECOSISTEMA:

Pero recordar la idea clave para no perder el norte.  Estos métodos no sustituyen al manejo agroecológico, ni corrigen el problema de fondo.  Cuando las hormigas aparecen de forma masiva, casi siempre hay detrás: exceso de pulgones o cochinillas, falta de diversidad vegetal, desequilibrios previos causados por tratamientos químicos.  Por eso, cualquier intervención debería ir acompañada de: regulación de la plaga asociada, aumento de plantas refugio y floración, mejora del equilibrio general del huerto.  Por tanto, tener hormigas en nuestro agroecosistema lejos de ser una maldición es más que recomendable.  Disponer de plantas útiles en los adelaños, con nectários o estructuras con carúnculas como la citada borraginácea, es más que una buena idea para favorecer su permanencia.

Hormiga ganadera sobre Lactuca serriola protegiendo el rebaño de áfidos e impidiendo su depredación.

Porque insisto... matar hormigas sin corregir la raíz del problema sólo lo agrava. El problema es lo que nos están señalando con su presencia masiva, un desequilibrio en el huerto que no hemos sabido detectar. Entender esto nos permite dejar de verlas como una molestia, y empezar a reconocerlas como lo que son, verdaderas aliadas que con sus mensajes, nos están advirtiendo que algo no estamos haciendo del todo bien.

viernes, 19 de septiembre de 2025

FAMILIA HALICTIDAE

DESCRIPCIÓN:

En esta ocasión dedicaré esta entrada a una de las familias de abejas más interesantes desde mi punto de vista, conocidas popularmente como "abejas del sudor"... y no precisamente por este apelativo, sino por su relevancia agroecológica. Representan una de las familias más eficientes y versátiles en la polinización, pasando gran parte del día visitando diversas flores y aportando una información valiosísima con su mera presencia.

Abeja del género Lasioglossum sspp.en flor de romero (Rosmarinus officinalis)

Esto significa que nuestros cultivos, con toda probabilidad, contarán con los servicios de estos aliados, lo que se traducirá en un aumento de la productividad y la diversidad del propio agroecosistema.  El motivo de ser conocidas como abejas del sudor, se debe a la atracción que poseen por el sudor humano o animal, ya que su fuente de alimentación (néctar y polen) dificulta obtener sales minerales como el sodio, fundamental para su metabolismo.

Además, estas abejas son verdaderos sensores de agroquímicos, en otras palabras, se comportan como excelentes bioindicadores. Su sensibilidad a los fitosanitarios hace que su simple presencia sea un claro indicio de que estamos manejando el cultivo de forma responsable. Y, a pesar de esta vulnerabilidad, las especies de la familia Halictidae son sorprendentemente adaptables, capaces de desarrollarse en zonas rurales, periurbanas e incluso en jardines urbanos. De hecho, algunas de las fotos que acompañan estas líneas fueron tomadas muy cerca de donde vivo.

En definitiva, dedicarles un espacio no solo tiene valor para la conservación de la biodiversidad, sino que nos proporciona herramientas prácticas para avanzar hacia una producción sostenible y fortalecer la resiliencia de nuestros agroecosistemas.

BIOLOGÍA:

Cuando hablamos de la biología de las abejas de la familia Halictidae, y concretamente del género Lasioglossum, nos adentramos en un mundo pequeño pero sorprendentemente complejo. Observar sus hábitos de anidación, su organización social y la manera en que recolectan polen y néctar nos permite entender cómo estas pequeñas aliadas mantienen la vida de nuestros agroecosistemas. Conocer su ciclo de vida y sus relaciones con otras especies no es solo un ejercicio de curiosidad: es también una herramienta práctica para cuidar la biodiversidad y fomentar sistemas agrícolas más sostenibles y resilientes.

Abeja del género Lasioglossum sspp.en flor de menta poleo (Mentha pulegium)

La mayoría de las especies del género Lasioglossum construyen sus nidos en el suelo, preferentemente en áreas despejadas de vegetación, aunque también pueden anidar en taludes o en grietas de paredes rocosas. Muchas especies muestran un comportamiento gregario e, incluso, algunas presentan diferentes grados de organización social.

Los nidos del género Lasioglossum tienen una estructura sencilla pero muy eficaz: un túnel principal del que se ramifican pasadizos cortos que terminan en celdas individuales, donde se crían las larvas. En las especies más sociales, estas celdas se agrupan formando cámaras de incubación, casi como pequeñas habitaciones comunitarias. Dentro de ellas, las larvas se alimentan de la mezcla de polen y néctar que las hembras adultas han recolectado con tanto cuidado.

ESPECIE CONTROLADA:

No obstante, estos nidos no siempre están a salvo. A veces son visitados por abejas del género Sphecodes o Chrysididae, verdaderas oportunistas, que se aprovechan de las provisiones y las celdas sin molestarse en construir su propio hogar, y en muchos casos devorando las larvas de nuestras protagonistas.

Abejas Chrysis ignita, del género Chrysididae conocidas como abejas cuco, precisamente por su carácter cleptoparásitario.





En el caso de las hembras de la Chrysis ignita (Fam. Chysididae) , depositan sus huevos en el nido de otras abejas como las de la Fam. Halictidae.

En el ejemplo que os propongo de la Chrysis ignita de las fotos, la hembra adulta deposita su huevo en el nido de la abeja hospedadora; la larva que nace consume primero los huevos o larvas de la abeja y luego las reservas de polen y néctar.  Pero como os decía... esta abeja no es de la familia que nos ocupa, ya que pertenece a otra familia Chrysididae, conocidas como abejas cuco por poner sus huevos en nidos ajenos, pero no me resistía a dejaros algunas imágenes de estas verdaderas joyas volantes, que por su colores brillantes bien podrían inspirar a cualquier orfebre.

MEDIDAS PARA FAVORECER SU PERMANENCIA EN NUESTRO AGROECOSISTEMA:

Para que nuestras abejas del sudor permanezcan y cumplan su papel en nuestro agroecosistema, podemos poner en práctica algunas medidas sencillas. Medidas como dejar áreas sin labrar y plantar flores silvestres, que les dará refugio y alimento a nuestras protagonistas, ejerciendo una actividad complementaria a la de las abejas melíferas cada vez más escasas, visitando flores con tamaños y en horarios o condiciones donde estas no llegan.

Abeja hembra del género Lasioglossum sspp.

Al ser autóctonas y generalistas, las especies de la familia Halictidae que nos ocuapan, pueden nidificar en las lindes de las parcelas o áreas verdes sin necesidad de colmenas, aumentando la biodiversidad y favoreciendo el equilibrio del agroecosistema. Esto, además, ayuda a reducir plagas de forma natural y disminuye la dependencia de pesticidas.

Su resiliencia frente al clima garantiza una polinización constante incluso en condiciones cambiantes, convirtiéndolas en verdaderas aliadas de la agricultura sostenible y la biodiversidad en el actual contexto de cambio climático que estamos viviendo.

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