DESCRIPCIÓN;
A principios de este año compartía en este blog una reflexión sobre las hormigas y su papel en el huerto en una primera parte, donde invitaba a mirarlas con algo más de calma y curiosidad, alejándonos de la idea simplista de considerarlas únicamente como un problema. Aquella entrada pretendía precisamente eso: detenernos un momento, observar su comportamiento y entender que, como ocurre con muchos otros organismos del agroecosistema, su presencia responde a relaciones mucho más complejas de lo que a primera vista puede parecer. La buena acogida que tuvo ese primer artículo, y el interés que despertó entre muchos lectores, ha hecho que desde Andalhuerto me hayan propuesto continuar con el tema y escribir una segunda parte que profundice un poco más en las relaciones de estos fórmidos.
Cuando se habla de hormigas, siguen circulando muchas afirmaciones que se repiten casi como verdades incuestionables: que dañan las plantas, que provocan plagas o que eliminarlas es la solución a determinados problemas del cultivo. Son ideas muy extendidas, pero en la mayoríade los casos, no se corresponden con la realidad.
En esta ocasión me gustaría detenerme precisamente en algunas de esas creencias que solemos escuchar sobre las hormigas, revisándolas y continuando con una mirada agroecológica obejtiva. No se trata de idealizarlas ni de negar que, en determinadas circunstancias, puedan favorecer algunos desequilibrios, sino de intentar comprender mejor su papel dentro del huerto.
BIOLOGÍA:
Algunos de los malentendidos que existen sobre las hormigas en el huerto tienen su origen en ciertos aspectos de su biología y de su comportamiento alimentario.
Muchas especies de hormigas presentan una dieta oportunista y muy variada, basada en pequeños insectos, restos orgánicos, semillas o sustancias azucaradas. Entre estas últimas se encuentra la melaza producida por pulgones y cochinillas, un recurso energético muy apreciado para la colonia y archiconocido por todos. Por este motivo, es relativamente frecuente observar hormigas desplazándose por plantas donde se encuentran estos insectos, que incluso los pastorean, moviéndolos de un lado a otro de la planta.
Esta relación no implica que las hormigas provoquen la aparición de los pulgones. En la mayoría de los casos, simplemente aprovechan un recurso ya presente en el agroecosistema, como venimos deciendo son meras oportunistas en la mayoría de los casos.
Por otra parte y quizás la más importante, es la actividad excavadora de muchas especies da lugar a redes de galerías en el suelo, especialmente en zonas secas o con sustratos arenosos. Estas estructuras pueden aparecer cerca de raíces o en la base de las plantas, lo que a veces nos puede llevar a pensar que las hormigas se alimentan de ellas. Sin embargo, en la mayoría de los casos su presencia responde únicamente a la construcción del hormiguero o a la búsqueda de alimento, favoreciendo a airear el terreno, a mejorar la estructura del suelo y por consiguiente aumentar su capacidad de retención de agua.
Sólo desde el conocimiento de estos aspectos básicos, nos ayudarán a interpretar mejor la presencia de las hormigas en el huerto, y evita atribuir a las hormigas efectos que en realidad tienen otras causas dentro del agroecosistema. Aportando con su mera presencia una ayuda indirecta al actuar como un bioindicador, que debemos comprender y valorar en su justa medida.
Sin embargo, me gustaría hablaros de algo que ya apuntaba en esa primera parte de principios de año, y que me fascina de este superorganismo (como es una colonia de hormigas), me refiero a sus capacidades en la comunicación. Las hormigas tienen muchas glándulas exocrinas (entre las patas, cabeza o en el extemo posterior del gastro) mediante la cuales, segregan "aromas" al exterior conocidos de sobra por todos como feromonas. Estas sustancias son la base de un sistema de comunicación complejo y eficaz. Principlamente las usan para dos cuestiones principales, la localización de la comida y la presencia de un peligro potencial o inminente. Las obreras recolectoras colocan las feromonas como si de un camino de migas de pan se tratase, para que sea seguido porsteriormente por sus compañeras hasta la fuente de alimentación, y siempre procurando buscar el camino más corto hasta su hormiguero ahorrando el máximo gasto energético. Sus hermanas harán lo propio colocando su feromona hasta que se agote el alimento, dejando en ese momento, de colocar feromona hasta que se evapora y se pierde el rastro, dando a entender a la colonia que ya el alimento está agotado en esa localización. En el caso de la feromona de peligro, es emitida para informar a los otros miembros de la colonia, que la reciben provocando su excitación y su agresividad, o bien como una orden de evacuación de las pupas y/o huevos de su hormiguero.
ESPECIE CONTROLADA:
Las hormigas no podemos considerarlas como depredadores especializados de una única especie. Su comportamiento alimentario es oportunista y, dependiendo de la especie y de las condiciones del entorno, pueden actuar como depredadoras generalistas de pequeños artrópodos presentes en el huerto.
Entre las presas que ocasionalmente capturan o consumen se encuentran:
- Huevos y larvas de insectos presentes en el suelo o sobre la vegetación.
- Pequeñas orugas recién eclosionadas, especialmente cuando se desplazan por el suelo.
- Larvas de dípteros y otros artrópodos blandos que resultan fáciles de transportar hasta el hormiguero.
- Insectos debilitados o muertos, contribuyendo a la eliminación de materia orgánica.
Esta actividad depredadora suele pasar desapercibida, pero forma parte de la función de muchas hormigas como consumidoras oportunistas dentro del agroecosistema, que no debemos subestimar.
Al mismo tiempo, algunas especies pueden establecer relaciones de aprovechamiento con insectos productores de melaza, como pulgones o cochinillas de sobra conocidas, de los que las hormigas obtienen alimento azucarado del homóptero, a cambio de la protección del fórmido ante posibles depredadores. Este comportamiento, relativamente conocido, es el que ha contribuido a generar la idea de que las hormigas favorecen determinadas plagas. A continuación, paso a describir una serie de interrelaciones que las hormigas establecen en su medio:
Interacciones entre horminas, plantas y otros artrópodos:
- Trofobiosis: Es la típica relación que ya describíamos en la primera parte y que venimos identificando como de sobra conocida, es decir me refiero a la relación entre la hormiga y el pulgón, donde el fórmido se asocia con el áfido para obtener alimento sin matarlo (melaza), y la hormiga ofrece al pulgón protección ante cualquier posible depredador. Esta relación es la típica que se establecen entre los fórmidos con los hemípteros: pulgones, cochinillas y otros diaspinos, todos ellos con un denominador común, su característico aparato bucal picador chupador mediante el que se valen para extraer la savia elaborada de la planta . Así pues, tienen un régimen alimentario muy rico en azúcares y agua. Estas dos sustancias excretadas se le conoce con el nombre de "mielato" o melaza. Donde la hormiga llega a golpear el extremo del abdomen del áfido con sus antenas, para estimular la excreción de la melaza, que es absorvida inmediatamente por ella. Otra relación de este tipo que se ha estudiado ocurre con las mariposas, sobre todo con la familia Lycaenidae. La trombiosis con las hormigas y estas mariposas, se basa en la oruga de la mariposa, la cual posee una glándula exocrina que produce una líquio azucarado apreciado por la hormiga. Donde la hormiga lejos de tratar a la oruga como una presa indefensa y ápoda para que la escapatoria no es una opción, las hormigas la protegen de los depredadores para beneficiarse de este líquido azucarado, incluso la oruga puede elegir emitir sustancias que imitan a las feromonas de las hormigas para que sea reconocida como parte de la colonia e incluso puede generar la feromona de alarma para que las hormigas sean atraídas en caso de necesidad y se ponga en guardía para que la proteja. Esto no deja de ser una relación mutualista, pero que algunas especies de mariposa de esta familia Lycaenidae han evolucionado hacía estrategias parásitas mucho más refinadas, como es el caso de la Maculinea azul, que usan a la hormiga (Myrmica sspp) para que la trasporten al hormiguero, donde se alimentará de crías de hormigas sin despertar ninguna sospecha, al emitir una sustancia química que le hace parecer parte de la colonia.
- Mirmecofilia: Esta relación se basa cuando otro artrópodo obtiene un beneficio de las actividades de las hormigas. Como arañas, chinches o estafilínidos donde su estrategia es parecerse morfológicamente a las hormigas hasta confundirse con ellas, para obtener alguna ventaja.
- Mirmecogranivoría (consumo de semillas): Consistente en un comportamiento ecológico presente en determinadas especies de hormigas que consiste en la recolección y consumo de semillas como parte fundamental de su dieta. Este comportamiento puede ser especialmente interesante, ya que algunas especies contribuyen a la reducción del banco de semillas de malas hierbas, actuando como un mecanismo natural de regulación.
- Mirmecocoria (dispersión de semillas): Es una interacción en la que ciertas hormigas participan en la dispersión de semillas, transportándolas desde la planta madre hasta otros lugares, generalmente en el suelo o en el interior del hormiguero. La mirmecocoria representa una interacción más compleja donde las hormigas actúan como aliadas en la dispersión vegetal, mostrando la doble cara de su papel en el agroecosistema. Puede resultar, a primera vista, contradictorio hablar por un lado de mirmecogranivoría, que puede contribuir a reducir el banco de adventicias... y, por otro, de mirmecocoria, que podría interpretarse como un mecanismo que favorece su persistencia. Sin embargo, ambos procesos no sólo no son excluyentes, sino que forman parte de la complejidad de las interacciones ecológicas en las que participan las hormigas. No todas las semillas son consumidas, ni todas las que son transportadas llegan a germinar. En muchos casos, las hormigas seleccionan determinadas semillas para su alimentación, mientras que otras son desplazadas, almacenadas o incluso abandonadas en condiciones que pueden favorecer o dificultar su germinación. Además, la mirmecocoria no implica necesariamente un aumento del banco de semillas, sino una redistribución espacial de las mismas. Este proceso puede alejar las semillas de la planta madre, situarlas en microhábitats más favorables o, por el contrario, en lugares donde su viabilidad disminuya. Por tanto, el efecto final sobre el banco de semillas dependerá de múltiples factores: las especies de hormigas presentes, el tipo de semillas, las condiciones del suelo y el propio equilibrio del agroecosistema. Lejos de ser procesos opuestos, mirmecogranivoría y mirmecocoria son ejemplos de cómo un mismo grupo de organismos puede desempeñar funciones aparentemente contradictorias, pero que, en conjunto, contribuyen a la dinámica y regulación del sistema.
- Plantas mirmecofilas: Son aquellas especies vegetales que mantienen una relación estrecha y beneficiosa con las hormigas, desarrollando adaptaciones específicas para atraerlas, alimentarlas o incluso alojarlas, a cambio de distintos servicios ecológicos. En agroecología, pueden contribuir a la regulación biológica natural favoreciendo el equilibrio del sistema. Muchas de estas plantas, son cultivadas habitualmente por nosotros en agricultura, como por ejemplo: los melocotoneros o nectarinos (Prunos persica) que poseen nectarios extraflorales que atraen a las hormigas que hactuán como defensores de otros insectos fitófagos. El girasol Helianthus annuus que produce néctar fuera de la flor en ciertas especies, así como el propio algodón (Gossypium spp.) donde está muy bien documentado que la presencia de nectarios extraflorales activos las hormigas reducen plagas de rosquillas (orugas de lepidópteros) así como de otras larvas de plagas claves del cultivo teniendo ese mismo efecto: (Heil, M. 2015. Extranuptial nectar at extrafloral nectaries: an evolutionary perspective), o Bentley, B.L. 1977 Extrafloral nectaries and protection by pugnacious bodyguards. Igualmente, existen leguminosas cultivadas con las habas (Vicia faba) donde la planta ha coevolucianado con el insecto presentando nectarios en las estípulas para atraer a las hormigas, y para que estas, puedan defender a las plantas de otros insectos fitófagos. Salvo en el caso de los pulgones, que también van a ser protegidos por ellas al presentar estos a su vez, una coevolución del áfido con el fórmido. Donde el pulgón, ha sabido copiar la estrategia de las plantas mirmecófilas para aprovechar el servicio de custodia de las hormigas, ante su pobre movilidad. Exiten otras plantas como es el caso del tomate (Solanum lycopersicum) entre otras plantas cultivadas, que poseen esta interacción indirecta, a través de otros productores de melazas asociados, que son los verdaderos atrayentes de las hormigas no la planta en sí. En estos casos, la planta no dispone de estructuras específicas para atraerlas, como los nectarios extraflorales, sino que son otros organismos asociados (principalmente insectos productores de melaza como pulgones, mosca blanca o cochinillas) los que actúan como verdadero foco de atracción. Es decir, la presencia de hormigas en este tipo de cultivos no responde a una interacción planta-hormiga propiamente dicha, sino a una relación indirecta mediada por estos insectos. Las hormigas acuden atraídas por la melaza que producen, integrándose en una red de interacciones ya existente dentro del agroecosistema. Este matiz es importante, porque puede llevar a interpretaciones erróneas. A simple vista, puede parecer que es la planta la que “atrae” a las hormigas, cuando en realidad está actuando como soporte de una relación trófica más compleja. De hecho, en estos casos, la presencia de hormigas suele ser un indicador de la existencia previa de poblaciones de insectos productores de melaza.
- Polinización: La relación entre hormigas y plantas es mucho más limitada y compleja. De hecho, las hormigas no son polinizadores habituales, aunque existen algunas excepciones interesantes (en fresa, zanahoria o incluso en cítricos) donde las hormigas pueden actuar como “polinizadores accidentales”. Por tanto, más que considerarlas polinizadores en sentido estricto, resulta más adecuado entender su papel como el de agentes ocasionales dentro de la red de interacciones del agroecosistema, cuya contribución dependerá siempre del contexto y de la disponibilidad de otros polinizadores más eficientes.
Por tanto, como ocurre con muchos otros organismos del huerto, podemos resumir que el papel de las hormigas no es unidireccional, sino que depende de múltiples factores ecológicos y de las especies implicadas. Luego conocer las interrelaciones entre hormigas-suelo-planta, es fundamental para aplicar la estrategía adecuada.
MEDIDAS PARA FAVORECER SU PERMANENCIA EN NUESTRO AGROECOSISTEMA:
Las hormigas forman parte habitual de muchos agroecosistemas y su presencia suele estar ligada a suelos relativamente poco perturbados y con cierta diversidad biológica. Más que introducirlas o favorecerlas de forma artificial, lo más razonable es crear condiciones que permitan su presencia natural dentro del equilibrio del huerto.
Algunas prácticas que contribuyen a ello son:
- Evitar el uso de insecticidas de amplio espectro, que eliminan indiscriminadamente muchos organismos del suelo y reducen la biodiversidad del agroecosistema.
- Mantener cobertura vegetal o acolchados orgánicos, que proporcionan refugio y favorecen la actividad de numerosos invertebrados.
- Reducir las labores intensivas del suelo, ya que el volteo frecuente destruye galerías y nidos.
- Favorecer la diversidad de hábitats, mediante setos, bordes florales o zonas menos intervenidas del huerto.
- Mantener cierto grado de complejidad ecológica, permitiendo que diferentes organismos interactúen entre sí.
Como ocurre con muchos otros habitantes del huerto, las hormigas no deben entenderse como un elemento aislado, sino como un aliado que forma parte de un entramado de relaciones ecológicas mucho más amplio y complejo. Su presencia, por tanto, debe interpretarse en la mayoría de los casos como una consecuencia y no como la causa del problema.
Lejos de ser un indicador negativo por sí mismas, las hormigas suelen advertirnos de que el agroecosistema mantiene un cierto grado de actividad biológica. Sin embargo, cuando observamos un aumento inusual de su presencia, conviene detenerse y analizar la situación con mayor detalle, ya que pueden estar señalando la existencia de un desequilibrio previo (como la proliferación de pulgones u otros insectos productores de melaza) que es el verdadera etiología del problema.
Comprender este papel resulta clave, ya que no se trata de actuar directamente sobre las hormigas, sino de identificar correctamente la causa de su presencia y abordarla desde su origen, favoreciendo así un manejo más eficaz y coherente con el equilibrio del agrocosistema.
Insistir en lo que decía anteriormente, que más allá de las interrelaciones descritas dependientes del contexto, existe un efecto asociado a la presencia de las hormigas que resulta mucho más intrínseco y con carácter irrefutable, ya que corresponde a una acción física y directa con claro impacto en la fertilidad y resiliencia sobre el suelo. La actividad excavadora de las colonias genera una red de galerías que contribuye a airear el terreno, mejorar su estructura y favorecer la infiltración y distribución del agua, a la vez que lucha contra la erosión. Este proceso, a menudo poco visible, tiene implicaciones directas sobre la funcionalidad del suelo y, por extensión, sobre el propio cultivo. A diferencia de otras interacciones más variables, este efecto físico se produce de forma continuada allí donde las hormigas están presentes, contribuyendo a la mejora de las condiciones edáficas y, en última instancia, a la resiliencia del agroecosistema. Como pasa con otras muchas cosas en la vida... hay funciones que no se ven, pero sostienen todo lo demás, y desgraciadamente sólo cuando las perdemos es cuando valoramos su importancia y nos lamentamos de su pérdida.
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