DESCRIPCIÓN:
Hablar de los piéridos en el contexto de los agroecosistemas puede suponer, en cierto modo, adentrarse en un terreno pantanoso. Ya que tradicionalmente son asociados a daños sobre cultivos de brasicáceas en su fase larvaria, donde su mera presencia casi de forma automática, ha sido interpretada por los agricultores convencionales como un problema a erradicar.
Los piéridos, pertenecientes a la familia Pieridae, presentan un comportamiento que no puede entenderse únicamente desde su fase larvaria. Ya que en su estadio adulto, estas especies actúan como insectos polinizadores, visitando de forma habitual flores de distintos cultivos y de la vegetación espontánea.
Este hecho introduce un matiz relevante desde el punto de vista agroecológico: en determinados contextos productivos, especialmente en cultivos no hospedantes, los piéridos pueden desempeñar un papel funcional que trasciende su consideración clásica como fitófagos plagas, llegando a actuar como aliados indirectos del agricultor. Desde esta perspectiva por tanto, su presencia no debe interpretarse de forma categórica, sino en función del cultivo, del momento fenológico y de la estructura del agroecosistema. Así, un mismo organismo puede comportarse como potencial causante de daño en un cultivo concreto (hortícolas) y también simultáneamente, contribuir a procesos claves como la polinización en otros cultivos no hospedantes, o incluso necesarios para el propio mantenimiento de la cadena trófica, al servir a su vez como alimento de otros aliados importantes como son las aves insectívoras.
Entre estos organismos, las especies del género Pieris brassicae, napi, y rapae ocupan un lugar destacado en cultivos de brasicáceas, donde su aparición es recurrente y en muchos casos, predecible en función de la fenología del cultivo y de las condiciones ambientales. Desde un punto de vista técnico tal como decía, resulta fundamental evitar una visión simplista centrada exclusivamente en su fase larvaria y en los daños que pueden ocasionar sobre cultivos como: coles, brócolis o coliflores entre otras brasicáceas (antiguas crucíferas).
Lo decía... ya que en su fase adulta, estos lepidópteros presentan una dieta estrictamente basada en el néctar y por consiguiente, participan en la polinización entomófila de numerosas especies vegetales de nuestro interés. Aunque no se consideran polinizadores especializados, su elevada movilidad y frecuencia de visita a flores les confiere un papel relevante como polinizadores generalistas. Este aspecto adquiere especial relevancia en sistemas agrícolas donde coexisten distintos tipos de cultivo sin carácter hospedante. Sobre todo, en especies frutales dependientes de la polinización entomófila, como el almendro Prunus dulcis u otros frutales de floración temprana, donde la presencia de adultos de Pieris spp. puede contribuir, junto con otros insectos, a la transferencia de polen y por tanto al cuajado de los frutos. Ya que los piéridos adultos, suelen ser de los primeros que llegan al despertar la primavera, siendo claves en los cultivos de floración temprana.
No obstante, este papel beneficioso debe interpretarse también en su contexto. En explotaciones orientadas exclusivamente a la producción de hortícolas en general y de brasicáceas en particular, la fase larvaria representa un riesgo agronómico claro, al tratarse de organismos fitófagos especializados capaces de provocar defoliaciones significativas si sus poblaciones no se mantienen bajo cierta regulación biológica. Por el contrario, en sistemas donde predominan cultivos no hospedantes (como por ejemplo en una plantación de almendros), sobre todo con manejo agroecológico y por tanto con cubierta vegetal, la fase larvaria no supone ningún tipo de riesgo sino todo lo contrario. Su presencia es más que bienvenida al comportarse en estado adulto como un aliado en la necesaria poliniación entomófila del almendro, y en su fase larvaría se alimentará de la cubierta vegetal y por ende contribuyendo a la regulación poblacional de especies de jaramago (Sisymbrium spp, Diplotaxis spp o Sinapis spp) entre otras brasicáceas silvestres. Abajo os pongo unas fotos de un campo de almendros en flor, donde su contribución al cuajado de sus drupas está fuera de toda duda.
Pieris brassicae polinizando flor de Almendro Prunus dulcis. var. Lauranne. Un cultivo de la familia de las rosáceas muy dependiente de la polinización entomófila.En consecuencia, la gestión de estas especies no puede abordarse de forma unívoca, sino que debe adaptarse al tipo de cultivo, al momento fenológico y a los objetivos productivos, integrando tanto los posibles daños como los servicios ecosistémicos que aportan dentro de una visión global del agroecosistema. La aparente simplicidad de estas especies (fácil identificación del adulto y ciclo biológico bien conocido) contrasta con la complejidad de su interacción con el cultivo, especialmente en explotaciones de pequeña y media escala, donde el impacto del daño puede condicionar la toma de decisiones.
¿Dónde está Wally?... A ver si encuentras el piérido entre tanta flor de almendro, donde su color blanco la hace prácticamente invisible ante sus depredadores.En este contexto, comprender la biología, dinámica poblacional y papel ecológico de Pieris spp. resulta clave para desarrollar estrategias de manejo coherentes con los principios de la producción ecológica, evitando intervenciones innecesarias y favoreciendo la estabilidad del sistema.
ESPECIE CONTROLADA:
Por tanto, las especies del género Pieris spp. no deben entenderse exclusivamente como una “plaga”, sino como organismos fitófagos especializados que forman parte del agroecosistema. Sus larvas se alimentan principalmente de hojas de brasicáceas (coles, coliflores, brócoli, rábanos), provocando perforaciones, defoliaciones parciales y acumulación de excrementos. Pero también de brasicáceas silvestres como el jaramago: (Sisymbrium spp, Diplotaxis spp o Sinapis spp) especies incluidas en muchas cubiertas vegetales espontáneas.
En este sentido, resulta clave diferenciar entre:
- Daño real: pérdida efectiva de superficie foliar o rendimiento.
- Daño percibido: impacto visual que puede condicionar la toma de decisiones.
Comprender esta diferencia constituye uno de los principales retos en la gestión agroecológica, especialmente en huertos de pequeña escala, donde la percepción del daño suele amplificarse.
BIOLOGÍA:
El ciclo biológico de las especies del género Pieris spp. se desarrolla con facilidad incluso en entornos urbanos.
- Puesta: Se realiza en el envés de las hojas, en Pieris brassicae la puesta se realiza en un conjunto de 10-20 huevos agrupados, diferenciables de otros similares (como en coleópteros) por la presencia de estrías y en forma de balín de color amarillo intenso, que los hacen fácilmente atribuibles a un lepidóptero. Algo más dificil de localizar, son las puestas de Pieris rapae al distribuir sus huevos más dispersos y por consiguiente ocasionando daños menos intensos y apreciables.
- Fase larvaria (oruga): Es el estadio responsable de los daños. En huertos urbanos, unas pocas larvas pueden generar un impacto visual importante.
- Crisálida: Se forma en elementos próximos al cultivo (vallas, muros, estructuras del huerto, vegetación espontánea o incluso edificaciones cercanas). Este hecho explica su persistencia en el espacio a lo largo del tiempo.
- Adulto: Presenta una elevada movilidad y capacidad de colonización, pudiendo localizar huertos aislados dentro del entramado urbano. Su actividad se concentra en horas soleadas.
MEDIDAS PARA FAVORECER SU PERMANENCIA EN EL AGROECOSISTEMA:
Aunque pueda resultar contradictorio, el objetivo en un enfoque agroecológico no es la erradicación de las especies del género Pieris sspp, sino su integración en un sistema equilibrado donde sus poblaciones se mantengan dentro de niveles asumibles, y donde un reducto de sus poblaciones, contribuirá a mantener nuestros otros auxiliares como los propios bracónicos (Apanteles glomeratus).
Para ello, se proponen las siguientes líneas de manejo:
1. Diseño del huerto:
- Diversificación de cultivos, también desde el punto de vista de la altura de los mismos.
- Asociación con aromáticas y flores. (donde las Liliáceas aromáticas son fundamentales).
- Rotaciones que eviten acumulación de hospedantes.
2. Manejo del suelo y fertilización:
- Priorizar el uso de compost y materia orgánica estabilizada.
- Favorecer un crecimiento equilibrado de las plantas.
3. Observación y seguimiento:
- Revisión periódica del envés de las hojas.
- Identificación temprana de puestas y larvas.
- Seguimiento del vuelo de adultos.
4. Intervención escalonada:
- Retirada manual de huevos y larvas en fases iniciales.
- Uso puntual de productos biológicos (como Bacillus thuringiensis) sólo en situaciones de desequilibrio.
- Evitar tratamientos sistemáticos o preventivos.
5. Fomento de fauna auxiliar:
- Presencia de recursos florales.
- Mantenimiento de refugios (setos, vegetación espontánea, rocódromos).
- Protección de enemigos naturales como los bracónidos como el parasitoide Apanteles glomeratus.
Detalle del adulto alado de Apanteles glometarus, sobre el cadaver ya de la larva del piérido tras salir de la pupa.Detalle de las pupas abiertas y la salida de los adultos de bracónidos.
Muchas de estas especies auxiliares actúan de forma discreta y pasan desapercibidas si no se observan con detenimiento, pero desempeñan un papel clave en la regulación de las poblaciones.
6. Dimensión educativa y social: En huertos sociales, la gestión de estas especies debe entenderse como una oportunidad:
- Para explicar el funcionamiento del agroecosistema.
- Para fomentar la observación y el aprendizaje colectivo.
- Para evitar respuestas impulsivas basadas en la percepción del daño.
La mariposa de la col no es únicamente un organismo que “afecta” al cultivo, sino también se comporta como un bioindicador de un huerto vivo, sano, dinámico e interconectado con su entorno.
Integrar su presencia desde el conocimiento y la observación permite transformar un problema aparente en una herramienta estratégica para el manejo del cultivo. En este sentido, convivir con estas especies no sólo es posible, sino que constituye una de las formas más directas de comprender, en la práctica, los principios de la agroecología aplicada.
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